NO HAY ESTRELLAS

Por Jorge Barraza
Se advierte una intención en la prensa española, sobre todo catalana, de ponderar y maquillar la actuación de Lamine Yamal en el Mundial. Como que fue un aporte valioso, interesante. “Campeón con 19 años”, “pieza importante”, “colaboró en el andamiaje”, “juntó rivales que lo marcaron”, “ayudó a recuperar”, etcéteras varios. Y, naturalmente, se le reconoce que haya sido parte del título. No obstante, la realidad dice otra cosa: Lamine fue al Mundial como la gran luminaria naciente del fútbol, era la cara de todos los afiches, de todas las tapas de diarios, revistas, guías, programas y llegó con el rótulo de jugador más caro del mundo: 220 millones de euros según “Transfermarkt”. Pero pasó inadvertido, el Mundial se le fue antes de que pudiera hacer alguna jugada espectacular, algo que podamos recordar. Un gol a Arabia Saudita y punto. Ni una asistencia. En España brillaron Rodri, Oyarzábal, Dani Olmo, Fabián Ruiz, Alex Baena, los cuatro del fondo, el arquero Unai Simón… Lamine no califica ni entre los once primeros, porque hasta Mikel Merino, cuando entraba desde el banco, descollaba más. Esto no lo condena en absoluto, porque fue campeón y por su extrema juventud: tiene cuatro Mundiales por delante para tomar el cetro de rey.
“En descargo de Lamine: se comió él solo toda la responsabilidad del ataque de un equipo que no jugó a profundizar sino a ‘conservar’ la pelota. Sin 9, sin extremo izquierdo, con un mediapunta (Olmo) que la aguantaba y la daba para atrás…”, nos dice Diego Torres, magnífico analista de El País, de Madrid. Y agrega: “Para los rivales de España resultó muy fácil escalonar defensas en el costado de Lamine. Esto es un juego colectivo y lo obligaron a hacer todo solo hacia arriba y a defender como los demás para atrás. Lamine robó más balones que Cubarsí, ¡que fue central…!!!!! Eso dice todo de Lamine y de Cubarsí, y de España, y de este Mundial”.
Es entendible. Sin embargo, no gambeteó a un rival en ocho partidos de Mundial. Si sos Lamine Yamal, la estrella del torneo, y tu fuerte es el uno contra uno, en todo el torneo debés tener una ocasión de gambetear a uno, de desequilibrar alguna vez. Más si jugás en el equipo campeón. Si estás en Curazao no decimos nada.
Pero, en el fondo, todo tiene una explicación. O dos. Una es que Lamine es un chico querible, muy hábil ciertamente, del tipo de jugador que uno admira y con el que se encariña. Y es el benjamín en España, es lógico que la crítica lo trate con algodones. La otra es que lo representa Jorge Mendes, el agente número uno del mundo, o el más atrevido del mundo, el mismo de Cristiano Ronaldo, James Rodríguez, Vitinha, Pedro Neto y tantos otros. Mendes es el rey de la imagen, su lema es que se hable de sus jugadores todo el tiempo: del look, de la novia, del peinado, de los autos, de los contratos, de los millones, de las mansiones, del número de seguidores en redes sociales… No importa si no hacen goles, sí que estén en el run run todo el tiempo. Tan genial es Mendes que ha logrado que comparen a Cristiano Ronaldo con Messi. ¡Y que muchos piensen que es mejor…!!! Eso lo define.
Ahora intentará colar a Lamine en la pelea por el Balón de Oro, que se entregará el 26 de octubre. Aunque su Mundial fue intrascendente, el chico del Barça se colgó la medalla. Le quedan dos meses a Mendes para elaborar el mejor relato sobre Lamine y seguir presentándolo como la nueva superestrella del fútbol. Y tiene periodistas “amigos” en España que se encargarán de agitar el nombre y las virtudes del zurdo. Mendes sabe que si le consigue el Balón de Oro a Lamine moverá cientos de millones de dólares en contratos los próximos diez años. Ese trofeo vale por muchos goles y campeonatos. Pero es candidato al Balón porque no sobran cracks verdaderos. Y la imagen creada desde afuera vale tanto como las reales condiciones de un jugador.
Entre los posibles favoritos circulan los nombres de Rodri, Lamine, Harry Kane, Mbappé, Bellingham, Michael Olise, Dembélé y el viejito Messi, que decían no tenía ninguna chance porque jugaba “en la liga de solteros contra casados que es la MLS”, pero aun así fue la figura más brillante del Mundial. No es una nómina estelar, pero esto justamente genera otra reflexión: no hay jugadores. Y la mejor prueba son los fichajes que se concretan en Europa. Yan Diomande, el moreno que enloqueció a Piero Hincapié en Filadelfia pasó al Real Madrid en 125 millones de euros. Por esa sola actuación. Buen elemento Diomande, aunque es una cifra disparatada. Se pagan fortunas por futbolistas comunes porque no hay talentos. El Barcelona pretende incorporar a Julián Álvarez y no le da la billetera porque el Atlético de Madrid se plantó en 150 millones. Con todo el cariño, Julián no es de 150 millones. Tal vez no es ni de 80, pero esto es como el tomate, si escasea sube el precio. Y como no hay nueves que se puedan poner la camiseta azulgrana, o el Barça paga los 150 o se queda cojo de centrodelantero. Si no es Julián intentarán ir por Luis Suárez, el centrodelantero de Colombia que en cinco partidos mundialistas no marcó ni un gol. Pese a ello, el Benfica pide 80 millones. Es lo que hay. O para decir mejor, lo que no hay.
Lo único abundante es el dinero. Tanto abunda que el Como le compra al Real Madrid a Nico Paz, un proyecto que no termina de confirmarse, en 60 M€. ¡El Como comprándole al Madrid por 60 millones…! (Esto revela a Nico Paz: si fuera un fenómeno el Madrid no lo suelta). En Inglaterra se traspasan jugadores de club a club en montos estratosféricos, que asombran porque se sabe que el jugador no lo justifica. El Chelsea, con seguridad el club que peor se mueve en el mercado desde hace tiempo, lleva gastados 343 millones de euros para conformar un plantel discreto. Y amenaza con más adquisiciones. Pagó 138 M€ por Morgan Rogers, un correcto atacante del Aston Villa, un buen muchacho que en 22 partidos de Selección Inglesa lleva un gol, a Gales. Ni Morgan Rogers se cree su propia cotización. El Chelsea tiene 5 arqueros, 15 defensores, 8 volantes y 13 delanteros. Por ahora… Un disparate atómico. Se deben estorbar hasta en el entrenamiento.
Brasil no saca jugadores. La cantidad de extranjeros en clubes brasileños es pavorosa: Botafogo (que viene de perder ante Cienciano 6 a 1) tiene 13, Gremio y Fluminense 11, Inter 10, Vasco da Gama 9, Mineiro, Santos, Flamengo y Palmeiras 8, Sao Paulo y Corinthians 7. Y nadie en Europa se pelea por un goleador o un creador brasileño, como antes.
Lionel Scaloni aseguró que dirige hasta diciembre y luego se va de la Selección Argentina “porque ya no se podrá superar todo lo que se logró”. En buena medida, cierto. Por dentro también es consciente de que no hay nada detrás para empezar otro proceso exitoso. No ha surgido un solo crack de reemplazo. Por eso, 17 elementos que estuvieron en la final del 2022 entre titulares y suplentes, volvieron a estar en la de 2026. No hubo ni uno nuevo que se hubiera metido entre los once. Estamos hablando de Argentina y Brasil, que han sido históricamente fábricas de futbolistas.
Ha tenido el fútbol épocas de vacas flacas, pero buenos siempre hubo, y en muchas ocasiones sobraban. Lo vemos en Italia. No clasifica a los Mundiales por la misma sencilla razón: no tiene figuras. En España ‘82 jugaban en defensa Bergomi, Gentile, Scirea, Collovati y Cabrini. Tan buenos eran que Baresi, seguramente el mejor central que tuvo este deporte no pudo entrar ni un minuto en siete partidos. Vio el Mundial entero desde el banco. Luego llegaron Maldini, Costacurta, Nesta, Cannavaro… Ahora Italia es el páramo.
Es el fútbol modelo 2026.




