Este Barcelona remite a los mejores recuerdos

Por Sergio Levinsky
Hasta la inesperada siesta del final del partido en el Ciudad de Levante puede tener cierta lógica. El Barcelona se descubre como un equipo demasiado superior a sus rivales (al menos, los que le tocaron hasta ahora en Liga y Champions), y entonces se toma sus respiros hasta que se cansa, y con una estocada da por terminada cualquier mínima duda que surja.
Este Barcelona, por fin, parece haber acertado en casi todo en el último mercado de pases, y no sólo por los jugadores que trajo, que representan un indudable salto de calidad respecto de la ya muy buena temporada pasada, sino, en muchos casos, por los que se desprendió. Acaso queda la duda con Ronald Araujo, porque no tiene exceso de centrales y con Ferrán Torres, por su explosivo inicio goleador en el PSG, seguramente a la espera de Julián Álvarez, aunque fue paliado con el cambio de posición de Raphinha, al menos hasta ahora.
Este Barcelona tiene mucho gol, y no sólo lo saben sus propios jugadores sino, lo que es más importante, los adversarios, que parecen resignados a aceptar que pueden sufrir una goleada por el hecho de enfrentar a los azulgrana, no sólo con buenos jugadores en cada puesto, sino hasta en el banco de suplentes, lo que lo convierte en un serio candidato para quedarse con todos los títulos de la temporada.
Por si fuera poco, cuenta con varios jugadores entonados por el reciente título mundial, nada menos que ocho (sumando a Rodri y descontando a Ferrán), y algunos, en un excelente momento, como Pau Cubarsí, Raphinha o Lamine Yamal, que están marcando una enorme cantidad de goles (21 en 5 jornadas de Liga, 26 en 6 partidos tomando en cuenta el único jugado por Champions), lo que termina otorgando, en cualquiera de los dos casos, un promedio de más de cuatro goles por partido.
No es que el Barcelona haya cambiado mucho el juego respecto de la temporada pasada, sino que agregó algunos factores decisivos: 1) Mejor coordinación para el achique de espacios, 2) aumento de la riqueza en ataque con la llegada de Gordon y Adeyemi, 3) la madurez de Lamine, 4) el desplazamiento de Raphinha al medio, que a su vez permite la entrada de otro extremo incisivo, 5) la aparición de Xavi Espart como lateral, que, de alguna manera, recuerda la de Cubarsí como central hace un par de temporadas.
Acaso en las cuestiones por corregir queden aspectos como 1) una mayor aportación de un gran jugador como Rodri, que seguramente lo traerá una mayor adaptabilidad al sistema. Hoy no parece, todavía, un jugador necesario en el sistema, porque la pelota no necesariamente debe pasar por sus piernas para que encuentre el destino preciso, 2) la preocupante (aunque corta) siesta de los minutos finales ante Levante, cuando todo indica que el equipo ya dio por ganado el partido con el 0-3 y el gol del descuento despertó a su muy digno rival, hasta que en una jugada (la virtud de este Barcelona), Adeyemi se encargó de desechar cualquier duda, y 3) cierta falta de recambio de centrales, lo que podría pasarle factura a lo largo de una temporada exigente como la que comenzó.
Pero es indudable, por la marcha, el plantel y la base de la temporada pasada, que este Barcelona tan bien armado por el entrenador alemán Hansi Flick, remite a los mejores recuerdos, como en los tiempos de Johan Cruyff y de Josep Guardiola.
Si no se duerme o no ocurre un suceso inesperado, y si el plantel toma con sabiduría las lecciones de las temporadas pasadas (especialmente en Champions), este Barcelona puede batir todos los récords y hacer historia.




