Por Jorge Barraza

FIFA: GUERRA TOTAL

Europa ha sido, desde el comienzo de la vida, la gran generadora de guerras en el mundo. Ha provocado centenares. Civiles, bilaterales, intercontinentales y mundiales. Las crea, las protagoniza, las fomenta, las exporta. Actualmente tiene una activa, la ruso-ucraniana que suma algo más de 2 millones de víctimas entre muertos, heridos y desaparecidos en cuatro años y medio de lucha. Ahora Europa nos involucra en una nueva contienda: la guerra de la FIFA. Más específicamente la Unión Europea de Fútbol contra el presidente suizo-italiano de la FIFA, el abogado Giovanni Vincenzo Infantino (56 años). El teatro de operaciones son los despachos y se pelea con saco y corbata, pero es un combate feroz. Las armas son el poder y el dinero, hay muchísimo en danza. Miles de millones.

El 18 de marzo de 2027 será un día tan trascendente para el fútbol como el pasado 19 de julio, cuando la final del mundo. ¿Se decidirá otro título…? ¿Entregarán el Balón de Oro…? No, estará en juego la presidencia de la FIFA. Se realizarán las elecciones para presidente en Rabat, Marruecos. Nunca, en 122 años de existencia, la matriz del fútbol vivió una convulsión interna como la actual y el acto electoral promete ser una refriega en la que cada uno de los 211 votos habrá sido largamente negociado por las partes. Arderá Rabat ese día. Habrá promesas, traiciones, arreglos.

Infantino asumió el 26 de febrero de 2016 tras vencer al Jeque Salman bin Ibrahim Al-Jalifa, de Baréin en segunda vuelta por 115 votos a 88. Salman bin Ibrahim es presidente de la Confederación Asiática y, como tal, vicepresidente de la FIFA. Gianni asumió con la misión de ordenar y transparentar la Federación Internacional de Fútbol tras el FIFAgate, el mayor entramado de corrupción de la historia del fútbol, ideado y perpetrado básicamente por dirigentes sudamericanos (en eso fuimos campeones mundiales).

Hizo un buen primer mandato y en junio de 2019 fue reelecto sin oposición por cuatro años. Le fue bien en sus dos primeros Mundiales -Rusia 2018 y Catar 2022-, y en marzo de 2023 volvió a ser ungido por aclamación por otro período. Pero en este último Mundial derrapó. Pese a los récords de público y de ingresos, terminó chamuscado. Su relación carnal con Donald Trump, la casi obscena comercialización del Mundial, su desenfado para tomar decisiones importantes inconsultamente y, sobre todo, la idea de vender un 20% de los derechos de la Copa del Mundo a una empresa privada manejada por el hermano del yerno del presidente de Estados Unidos (o por este mismo, nunca se sabe), generaron un estallido de indignación en el universo fútbol. Y Europa le dijo basta, “hasta aquí llegaste”.

Casi tres cuartas partes del fútbol mundial están en su contra. La prensa deportiva, toda. Infantino es europeo, pero no lo aparenta. Vive en Miami y no apoya su poder en las federaciones del Viejo Continente. Muy al contrario, se ampara en Sudamérica, África, México, ciertos países de Oriente Medio y, desde luego, Estados Unidos. Europa ve en esta coyuntura de disconformismo general la ocasión para apoderarse nuevamente del control total de la actividad, como siempre ha querido. Control que se le escapó en 1974 cuando el brasileño João Havelange accedió al trono. Nunca lo recuperó del todo con Blatter, pese a ser suizo (Julio Grondona lo influenciaba mucho). Y con Infantino le salió un gol en contra. Es la oportunidad europea de manejar todo a placer, lo deportivo, lo político y lo económico.

Las cartas ya fueron dadas vuelta: las confederaciones de Europa (55 asociaciones), Asia (47) y Concacaf (33 sin México) están contra Infantino; África (54), Sudamérica (10), Oceanía (11) y México, a favor. La cuenta da 135 a 76. Igual, no es tan taxativo: cada asociación decide por su cuenta. Según esos números pareciera que Infantino está en la lona y con la cuenta de ocho. Pero faltan siete meses y hay infinidad de situaciones que podrían cambiar. España se está jugando frente a Marruecos albergar la final del Mundial en Madrid o, de última, en Barcelona. ¿Le votará en contra al presidente…? ¿Y si éste es reelecto…? Arabia Saudita hospedará el Mundial 2034, ¿también pateará en contra…? ¿Los países árabes amigos de Gianni irán unidos a la Confederación Asiática…? Huuuuuummmm… El voto es secreto. Nadie sabe por quién se decantará cada uno.

Los continentes anuncian que se encolumnan detrás de tal o cual candidato, pero los países pueden no votar en bloque. En 2018, para elegir la sede del Mundial 2026, Sudamérica había decidido sufragar en conjunto por Canadá/México/Estados Unidos, pero el Coronel Nunes, un fugaz presidente de la Confederación Brasileña, apretó el botón de Marruecos.

Eso sí se supo porque era votación abierta y se reflejó en un cartel electrónico. Puede que haya muchos casos similares el 18 de marzo.

¿Por qué Conmebol está aliada con Infantino…? Porque le da cabida en FIFA, respalda sus inquietudes. Argentina, Paraguay y Uruguay quieren una Copa del Mundo con 64 equipos y organizar cada uno un grupo entero en sus países, no un solo partido como está decidido por ahora. Y Gianni avala esa petición.

Podría perder Infantino, claro, pero no caerá antes de tiempo. No puede haber un golpe de Estado en la FIFA, salvo que lo derrumbara una denuncia grave. Y juntando votos es una fiera el suizo. Ayer jueves ya se pronunciaron en su favor 6 federaciones árabes: Marruecos, Egipto, Mauritania, Sudán, Líbano y Catar. Cuatro africanas y dos asiáticas confirmaron su “pleno apoyo” al actual titular de la FIFA.

La UEFA tiene 55 miembros, es la más grande, pero su misma vastedad la debilita. No todos piensan como Francia, Inglaterra, Alemania, España, Italia. Hay decenas de federaciones con otra percepción del tema, son las Gibraltar, San Marino, Chipre, Malta, Luxemburgo, Liechtenstein, Islas Feroe, Andorra, Albania, Montenegro, Kosovo, Macedonia, Estonia, Armenia, Azerbaiyán, Letonia, Lituania, Moldavia, Kazajistán, Georgia, Bielorrusia…

Además, habrá que ver el perfil de los opositores, si seducen a las asociaciones. ¿Quiénes podrían ser…? Algunos mencionan al catarí Nasser Al-Khelaifi, presidente del Paris Saint Germain y de la ECA, Asociación Europea de Clubes, sin embargo, es muy improbable. Al-Khelaifi es prácticamente un empleado del emir de Catar, Tamim bin Hamad Al Thani, y este mantiene excepcionales relaciones con Infantino. Otro indicado es su viejo rival Salman bin Ibrahim, jefe del fútbol asiático. Y un tercero, muy fuerte, es el canadiense Victor Montagliani, titular de la Concacaf. Está bien considerado y parte con los 33 votos de su región.

¿La flaqueza de Infantino…? no tiene un continente propio. Europa lo aborrece, no lo reconoce como suyo. Sin embargo, Europa equivocó la táctica, se manifestó con demasiada antelación y le dio tiempo a Infantino a reaccionar y salir a conseguir amigos en todos los continentes. Es un individuo hábil, movedizo, tiene siete meses para maniobrar y la caja de la FIFA para convencer. Domina fluidamente seis idiomas, árabe entre ellos. No es lo mismo ir a Oman a hablar en inglés, francés o alemán que en árabe. Impacta diferente. También hay una realidad: lo que Europa llama “el tercer mundo”, se siente más integrado con Infantino. “Valoramos profundamente los esfuerzos sostenidos del señor Infantino por impulsar el fútbol a nivel global y ampliar las oportunidades en todas las regiones”, dice el comunicado conjunto de los mencionados seis países árabes. Eso sienten. No descartemos una nueva victoria de Infantino.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *