Lógica pura…y dura: 0-3 con Corea

Por Jorge Barraza

Si hace cuarenta años dos selecciones sudamericanas enfrentaban a similares asiáticas y no ganaban era una vergüenza. “¡Insólito, no le pudimos ganar a Japón…!”, exclamaban los hinchas. Se hacían 18.000 kilómetros, pero se iba para cobrar un buen cachet. Ahora, si van y consiguen un empate es “un buen resultado”. Partidos de este jueves 24 de septiembre: Corea del Sur 3 – Ecuador 0 y Japón 3 – Uruguay 1. Lo peor es que ya consideramos lógicos estos resultados. Normales. Porque nos sabemos menos. Lo dice la realidad: Corea del Sur asistió a los últimos once Mundiales consecutivos, Ecuador a cinco. Japón clasificó a todos desde Francia ’98 para acá (ocho en total), Uruguay sólo a seis. Con un agregado: Corea y Japón deben pelear sus boletos en una eliminatoria de 46 equipos, Ecuador y Uruguay en una de 10. Como en política, economía, seguridad, educación, salud, Sudamérica también va decayendo en fútbol. En las pruebas PISA, de nivel educativo, seis de los diez primeros del mundo fueron del sudeste asiático; los sudamericanos, de mitad de tabla para abajo.

Las placas tectónicas del fútbol se mueven lentamente, pero se mueven. Los que antes eran fáciles ahora son favoritos. Al margen de ello, la delegación de Ecuador llegó dividida a Suwon, en Corea, y uno o dos días antes del partido, tras 15 ó 25 horas de viaje, según el origen de cada miembro, y cumplió un solo entrenamiento en el que, seguramente, fue más una charla de presentación y conceptos básicos que de táctica. Y dar unas vueltas a la cancha. Todo estaba para perder. Y se perdió. Peor de lo esperado, eso sí. Se empezó a perder en el armado de la gira. Tal vez convenía un rival menos complicado en el debut de Marcelo Gallardo, para no echarle un balde de brea a la ilusión. Un Burkina Faso, un Guatemala. Y ahora viene Japón, quizás más fuerte que Corea… Pero bueno, era lo que había.

Encima, no estaban Enner Valencia, Piero Hincapié, Moisés Caicedo, Joel Ordóñez, Gonzalo Plata y Kevin Rodríguez, seis habituales. Igual, la presencia de todos ellos posiblemente no hubiese cambiado el desarrollo del partido. No fue un déficit de individualidades sino de conjunto. Y de preparación. Corea fue superior en el juego y en los dos arcos. A Gallardo habrá que empezar a evaluarlo en la próxima ventana de amistosos. Estos tres compromisos son de conocimiento del grupo, de tomar apuntes y de marcar pautas generales. No obstante, está bien que haya arrancado en el inicio del ciclo 2026-2030. Ya vio la realidad, y esta le dice que deberá pensar muchísimo todo.

¿Qué partido hubo…? Un primer tiempo parejo, en el que la Tri no padeció sobresaltos, fue ordenada y jugó con tranquilidad. Y un segundo en el que el local, con mejor estado físico, fue claramente superior, marcó tres goles y casi celebró uno más. Iban 53 minutos. Un pase largo (aunque interceptable, porque no iba fuerte) del zaguero del Bayern Munich Min-Jae Kim, no pudo ser cortado en mediocampo por Angelo Preciado, lo tomó Hyeon-Gyu Oh, le ganó fácilmente la posición a Jackson Porozo y definió con tiro fuerte arriba. Mal la línea de volantes de corte, flojo Porozo, irresoluto. Ese gol rompió el partido. Y quebró a Ecuador.

El segundo fue un tiro libre espectacular del reconocido Heung-Min Son, exfigura del Tottenham ahora en Los Angeles FC. Remate desde posición muy oblicua, pero con una comba notable y bien alto, para que no pudiera llegar Hernán Galíndez. Y el tercero, un pase filtrado en el que también hubo una pobre respuesta de Estupiñán y Denil Castillo, la pelota pasó por el hueco que dejaron entre ambos y Dong-Gyeong Lee se la colocó al ras a Galíndez.

Volvemos al tiro libre notablemente ejecutado por Son. Estupiñán también tuvo una pelota parada desde el borde del área, ideal para gol, pero pegó en la rodilla del primero de la barrera. Y los centros del lateral izquierdo tuvieron el mismo resultado. Si en la resolución individual, el jugador falla, se hace difícil…

El problema central que deberá resolver Gallardo es que el futbolista ecuatoriano no está acostumbrado a dominar los partidos, no es parte de su ADN. Juega a la paraguaya, a responder, no a proponer. Es reactivo. No hay volantes con tenencia de pelota. Un equipo, para ser dominante y ganador, necesariamente debe controlar el balón, tenerlo, moverlo, cuidarlo, hacerlo circular hasta pergeñar la maniobra de ataque que pueda conducir al gol. Hasta el día en que venció a Alemania en el Mundial Ecuador tuvo una posesión pobre: del 39% frente al 61 del rival. Eso lleva tiempo aprenderlo, concientizarlo. Es el grave problema del Real Madrid, sus medios tienen poco el esférico y así se dificultan las llegadas. Juega contra el Elche y lo dominan. Ficha delanteros o defensas de cien millones, pero no centrocampistas de tenencia de balón, como Rodri o Pedri. Justamente su último encuentro -caída 1-2 ante el Atlético- tuvo 35% la bola. Siempre la iniciativa es del otro. Los mejores equipos del mundo juegan a controlar la herramienta, son el PSG, Bayern Munich, Barcelona, Manchester City, Liverpool. Y a nivel de selecciones, España, Argentina.

Otro problema es de tres cuartos de cancha hacia adelante: son todos casi. Vite es casi bueno, Yeboah lo mismo, Jordy Alcívar, Kenny Arroyo, Nilson Angulo… todos muestran cosas interesantes, pero hasta ahí. No terminan de afirmarse como cracks. Ese que uno le pasa el balón y desnivela. A propósito, otro cotejo más a cero en el arco de enfrente. Y lejos del gol. Ni siquiera por un arresto individual.

Fiel a su carácter, a su estilo, Gallardo se mantuvo sereno en todo momento, incluso tras el tercer gol. Ni pestañeó. Mejor, le espera un enorme trabajo. La expectativa que genera su currículum y el deseo del hincha de una conquista grande no le harán fácil el camino. Tampoco la exigencia de cierta prensa que asegura que “cualquier cosa que no sea ganar la próxima Copa América es fracaso”. ¿Qué elementos permiten semejante afirmación…? ¿Que esta es una generación dorada…? Con todo respeto, no la vemos así. Sin ir más allá de Corea del Sur: Ecuador no tiene un solo jugador desde el medio hacia adelante del nivel de Heung-Min Son, incluso a sus 34 años. Se necesita media docena de ese calibre para llamar de oro a una camada de futbolistas. Es bueno tener ambición, también moderar el grado de exigencia. Caso contrario se vivirá en crisis y en el reproche constante.

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