¿Y si lo que le falta al Madrid está en casa?

Por Sergio Levinsky

En este circuito ridículo que es el del fútbol que mueve fortunas, aunque no haya tantos cracks de verdad, el libro de pases sigue abierto en toda Europa, aunque la gran mayoría de las ligas nacionales ya hayan comenzado. Esto significa que habrá jugadores que, obligadamente, enfrentarán al mismo equipo tres veces en una misma competencia, en vez de las dos que deberían hacerlo.

En ese contexto, parece ya instituido que los entrenadores tienen que pedir (o, a veces, exigir, según el poder que hayan acumulado) fichajes, con la supuesta idea de estar débiles en determinado puesto o zona del campo. Y si tienen cubiertas todas las posiciones, piden (o exigen) otros para tener recambio.

El caso del Real Madrid con el organizador de juego, es uno de ellos. No le basta con haber traído, para esta temporada, a laterales como el neerlandés Dumfries o Cucurella, un central como Konaté, un volante como Bernardo Silva, un extremo como Diomandé y un centrodelantero goleador como Espí. La prensa madrileña, ya no el club, considera que ese “cerebro” debería ser Zubimendi, hoy en el Arsenal y ex Real Sociedad.

Zubimendi, un muy buen jugador, fue suplente de Rodri en el Mundial y en el último ciclo con Luis de la Fuente como entrenador, que derivó en el reciente título mundial en los Estados Unidos, y tuvo la oportunidad de una larga continuidad cuando el galardonado con el MVP de la máxima cita estuvo ausente por una larga lesión, aunque luego tuvo que regresar al banquillo y también allí se sentó en los últimos partidos de la temporada pasada con los “gunners”, porque para su entrenador, Mikel Arteta, perdió su lugar y ahora mismo, tampoco es titular, porque ese puesto quedó para Bruno Guimaraes o, en el debut liguero, fue para Myles Lewis Skelly.

No se trata de desmerecer a Zubimendi, un volante contrastado y de muy buena visión de campo, sino de recalcar que, muchas veces, se gasta innecesariamente. El Real Madrid apostó en su momento por el joven turco Arda Güller buscando un sucesor del alemán Toni Kroos. Cuando llegó, aunque ya había mostrado destellos de su talento, no tuvo la regularidad buscada, pero aún así, pudo jugar el pasado Mundial para la selección turca, y más allá de los resultados finales, no tan halagüeños, quedó claro que puede convertirse en conductor de un equipo, y su clase apareció por varios momentos en el debut liguero de esta temporada ante Espanyol en Corneliá. Es más, muchos se sorprendieron de que el entrenador portugués José Mourinho decidiera alinearlo como titular junto con el inglés Judd Bellingham, de irregular temporada anterior, por largas lesiones, pero de excelente Mundial, después. En general, alrededor del Real Madrid hay una idea (así como la de fichar ante cualquier mínima oportunidad) de que Bellingham y Güller se superponen en el campo, algo que, sin embargo, quien esto escribe cree más aplicable a Vinicius Junior y Kylian Mbappé que a dos volantes creativos totalmente diferentes: uno es cerebro, pensamiento y precisión. Erl otro es potencia, sorpresa, llegada y definición. ¿Por qué no podrían jugar juntos? El inconveniente, parece, pasa por tener la obligación de colocar en el campo, de salida, a los dos delanteros mencionados, por una cuestión de cartel, un problema que se inició en los despachos de la presidencia y no en los banquillos.

Si Bellingham y Güller jugaran juntos, lo que posiblemente necesitara el Real Madrid sería un nueve puro al lado de uno de los dos extremos, y los blancos, ahora lo descubren, cuando ya se retiraban cabizbajos del estadio, la TV o las plataformas digitales, tras lo que parecía como imposibilidad de vencer a un buen Espanyol de Manolo González, mucho más parecido al de la primera ronda de la temporada pasada, que al de la segunda, con muy buenas performances de Calatrava o Dolan.

Y es allí cuando, en los últimos minutos, Mourinho se acordó de que en el banco tenía un “nueve” como Carlos Espí, un fenómeno que impactó en la segunda rueda de la temporada pasada en el Levante, tiró de él, acaso como no tantas veces ocurrió con Gonzalo, un chico surgido de la casa que ahora fue pedido por el Fulham del mismo Álvaro Arbeloa que lo dirigió hace meses, y el alto y corpulento joven necesitó de poco tiempo y de un a jugada confusa en el área, `para darle los tres puntos al Real Madrid y hacerle más llevadero un debut que ya iba a derivar en polémicas y el consecuente pedido (llámese “exigencia”) mediático de un nuevo fichaje, cuando resulta que el “nueve” estaba ahí, sentadito en el banco.

Alguna vez, fue Joselu el que le dio satisfacciones al Real Madrid, siempre bien ubicado en el área para empujar la pelota a la red. Luego fue Gonzalo, ahora en la Premier League. Y ahora es Espí. El Real Madrid sabe que el “nueve” es necesario, sino imprescindible. Lo que no saben, en la casa blanca, es qué hacer con las dos grandes estrellas que, hablando sin tapujos, juegan de lo mismo o casi.

El debate es siempre el mismo desde hace años: o lo deportivo o el marketing. Y en ese punto, los despachos golean a los banquillos.

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