Messi es la diferencia
¿Cómo explicar, tras este partido, que Lionel Messi va a cumplir 39 años en apenas ocho días? Acaso la fecha de nacimiento de su documento sea la primera mentirosa de su actual momento como futbolista. Si no fuera por ese número que aparece por allí, a nadie le interesaría ese dato.
A esta edad, Messi marcó el primer triplete suyo en un Mundial, es, de momento, el máximo anotador de un torneo con 48 equipos en el que restan jugar muy pocos para completar la primera fecha, jugó su partido doscientos de albiceleste, y alcanzó al polaco nacionalizado alemán Miroslav Klose como máximo anotador de la historia de los mundiales, con 16 tantos.
Fue este mismo Messi, sereno, aplomado, dispuesto a disfrutar del torneo aún más que en Qatar 2022 porque ni altas presiones tiene para ganar un título mundial y que motivó el “Ya está” como gesto hacia su familia desde el campo de juego, el que por tres veces definió dejándole pocas chances al buen arquero rival Luca Zidane, que en una de las definiciones se equivocó al oponer sus dos manos al remate cuando debió colocar una sola.
De no haber sido por la diferencia con los demás que establece el genio, el partido habría sido distinto porque tampoco, pese a los tres goles en contra, se puede decir que Argelia haya hecho un mal partido. En absoluto. Hizo su juego, trató bien la pelota, le generó peligro al equipo argentino desde la derecha, donde le hacía el dos-uno a un flojo Gonzalo Montiel, y nos dio la sensación de que de haber jugado de entrada Riyad Mahrez, otro gallo, quizá, habría cantado, pero la decisión del entrenador bosnio Vladimir Petkovic fue la de resignarlo por muchos minutos al banco de suplentes y colocarlo cuando ya el pescado estaba todo vendido.
Fue entonces que las riendas las tomó el muy hábil Fares Chaibi, que logró introducirse varias veces cerca de la defensa argentina, algo lenta en su movimientos, pero al final, fue controlado por los dos muy buenos centrales titulares y con oficio que tienen los albicelestes, Cristian Romero y, especialmente esta noche, Lisandro Martínez.
El problema de Argelia fue no poder controlar a Messi, como bien se lamentó Petkovic en la conferencia de prensa, en la que habló (no sin razón) de “paridad” pero también, de que el argentino es “un señor equipo” y que ante rivales de este calibre no es posible equivocarse.
¿Para qué está la selección argentina? Desde la perspectiva del debut, es, sin dudas, candidata a retener el título porque tiene al mejor de todos (que lo sigue siendo, aunque tenga casi 39 y juegue en el Inter Miami) y porque este resultado acaso sea la llave del tiempo como aliado para ir tomando forma, ganarle a Austria, colocar ante Jordania a los que tienen menos minutos, y llegar al muy complicado cruce de dieciseisavos con los titulares descansados, lo que no es poca cosa.
Pero el Mundial es un torneo largo (más que nunca ahora con 48 equipos) y cada día de descanso pasa a ser fundamental, lo mismo que disponer de rotaciones para que los mejores lleguen con más aire.
Pero Lionel Scaloni no se puede engañar: necesita mejorar los laterales. El derecho, porque ni Gonzalo Montiel ni Nahuel Molina están en un buen nivel, y en el izquierdo, porque a Facundo Medina no le dieron juego, y porque ahora que se ganó, menos apuro hay para que regrese Nicolás Tagliafico. En el centro de la defensa, más allá de la categoría de los dos integrantes, se nota cierta lentitud por falta de fútbol.
Otro debe pasa por la banda izquierda con Thiuago Almada, que sigue sin ser el que fue en 2025, como tampoco lo fue en toda la temporada en el Atlético de Madrid, y en cambio mucho más aportó, cuando ingresó, Nicolás González, mientras que ni Lautaro Martínez ni Julián Álvarez pudieron sacar partido de los supuestos espacios que iba a dejar Argelia al tener que salir a empatar o a descontar, por imprecisiones en los pases.
En cambio, Rodrigo De Paul volvió a demostrar que cuando se pone la camiseta de la Selección rinde de otro modo.
A Argelia todavía le vemos chances de clasificarse, y deberá goleare a Jordania para tratar de vencer a Austria en la última fecha. La imagen que dejó es buena y no hay que engañarse: difícilmente encuentre a otro Messi en el camino. Así como está el genio rosarino, será difícil que lo paren, incluso, más allá del propio equipo argentino, tras una de esas noches que empujarán a convertirlo en leyenda.
Por Sergio Levinsky




