Por qué Argentina vuelve a ilusionar
Si comparamos la actuación de la selección argentina del pasado 6 de junio, en Texas, ante Honduras, con ese andar cansino, típico de los amistosos, en el que parecía que los jugadores se estaban cuidando las piernas o que no quedaba claro si muchos titulares llegaban o no al debut mundialista, con lo realizado apenas tres días más tarde, en Alabama, ante Islandia, cuando la mayoría volaba y adquirió una sorprendente precisión en velocidad, casi parecía que obró una mano invisible, como aquella mítica que orientaba los mercados, según creyó Adam Smith.
Llama la atención que en tres días todo haya cambiado tanto, que el panorama se haya modificado de tal forma, que en un lapso tan corto, un equipo que ya se lo anotaba como resignado a perder la corona y que no es candidato para la mayoría de los analistas, ahora vuelve a ser temido, especialmente al observarse la recuperación física de figuras clave como Cristian Romero, Lisandro Martínez, Lionel Messi o Rodrigo De Paul, aunque emergieron dos jóvenes que resultaron lo más destacado ante Islandia: Agustín Giay como lateral derecho, y Valentín Barco como volante izquierdo.
El caso de Barco es más claro. Junto con Nicolás Paz, son jugadores que el entrenador Lionel Scaloni ya aceptó definitivamente entre los pocos que forman parte de la renovación del actual campeón de América y del mundo. Distinto es el caso de Giay. Lateral que puede pasar bien la mitad de la cancha como ya lo demostró en el Palmeiras, disputó casi completos los dos amistosos de preparación mundialista y en apenas horas sabremos si se queda fijo entre los veintiséis que disputarán el torneo o si, ante la recuperación de Gonzalo Montiel y de Nahuel Molina, queda en el camino ante la superabundancia en esa posición.
El equipo argentino mostró algunas virtudes que parecía que formaban parte de un pasado glorioso y reciente, pero caducado. De repente, Romero, ausente por varias semanas por una lesión y antes, por seis fechas de suspensión en el Tottenham, pasaba a ser aquel líder que daba tanta seguridad. Lisandro, en aquel impasable “carnicero” que se convirtió en ídolo del Manchester United que no dejó tocar la pelota a Erling Haaland en el derby ante el Manchester City en una de las pocas veces que pudo estar presente en los “Diablos Rojos” entre una larga lesión y otra, más corta.
Rodrigo de Paul, de buenas a primeras, dejó de ser ese jugador indolente que, en el imaginario colectivo, había preferido ir a tomar mate y hacer chistes con su amigo Lionel Messi en el Inter de Miami, que jugar al más alto nivel una semifinal de la Champions League con la camiseta del Atlético de Madrid ante el Arsenal. La preparación especial que realizó con su veterano amigo en tierras norteamericanas pareció dar sus frutos, porque cuando ingresó en el segundo tiempo se lo vio a otro ritmo, como el del Mundial 2022 y también lució Exequiel Palacios, que se pareció a aquel que se destacara tanto en el gran Bayer Leverkusen de Xabi Alonso.
Pero el que mayores ilusiones despierta es, sin dudas, Messi. A punto de cumplir los 39 años el próximo 24 de junio, el genio rosarino necesitó apenas de dos minutos para generar una enorme asistencia a Lautaro Martínez y definir él mismo el penal que le hicieron al goleador del Inter de Milán. Se lo ve con un estado físico y con una mentalidad ganadora, que arrastra no sólo a sus compañeros, sino al resto de los argentinos que, observándolo en el estadio o por la televisión o las redes sociales, se volvieron a ilusionar con causa justa.
Queda para el final el caso de Julián Álvarez, ausente del partido, pero, ante quien, además, pesa su muy inoportuna decisión, sea suya propia o de su entorno, de transmitirle a la dirigencia del Atlético de Madrid, del que es jugador franquicia, que su deseo es no continuar en la institución. Si bien es respetable su posición, todo indica que ese planteo no se realizó en el momento más indicado, en las puertas de un Mundial, porque, por un lado, genera resentimiento en los hinchas “colchoneros” que siempre lo respaldaron, incluso en aquellos nefastos tres meses en los que, misteriosamente, desapareció de los campos de juego y de los goles, y por otro, no parece fácil que pueda emigrar al club al que pretende ir, el Barcelona, que no puede hacer frente a la cláusula puesta por los “Colchoneros” de 500 millones de euros, y ahora se sumó al “circo” del mercado el Real Madrid, cuyo presidente Florentino Pérez, reciente ganador de unas elecciones con una campaña de tan sólo nueve días, prometió que ficharía a un jugador “que participó en la Champions y que no es de la Premier League”, con una oferta de 150 millones. Ese jugador no era otro que el bueno de Julián, atrapado ahora en la red de los dos clubes más pesados de La Liga, que no parece que puedan llevárselo y ahora toda salida parece consistir en una oferta suculenta del Arsenal. Mientras tanto, habrá que ver cómo juega la mente del joven goleador argentino, cuando en su nombre, Europa hace “Calciomercato”. Ya le ocurrió algo parecido a Hernán Crespo en los días previos al Mundial 2002, cuando parecía titular en la selección argentina pero su mente estaba enfocada en el posible pase al Barcelona que finalmente no se concretó. Crespo, el preferido de su entrenador, Marcelo Bielsa, acabó siendo suplente de Gabriel Batistuta. ¿Le pasará a Álvarez con Lautaro Martínez o podrá sobreponerse?.




