El nuevo fútbol trajo algunas sorpresas
Desde Kansas City
Con la primera fecha completa, lo que significa un tercio de la primera fase, este Mundial de la tecnología y la soccerización, el que, por fin, se despojó de prejuicios y aceptó definitivamente que el fútbol es un negocio del que hay que sacar toda la tajada posible, la conclusión es que hubo demasiadas sorpresas y habrá que analizar, con el paso del tiempo y el desarrollo del torneo, si esto se debe a que el nivel se igualó o si muchos jugadores llegaron exhaustos a la gran cita norteamericana.
Parece demasiada casualidad que ni la Portugal de Cristiano Ronaldo, Bernardo Silva y Bruno Fernandes no pudo contra la debutante República del Congo, ni la España del “Tiki Taka” de Luis de la Fuente, contra otro de los benjamines, Cabo Verde, así como Uruguay no pasó del empate (y casi pierde) ante Arabia Saudita y Francia recién pudo concretar su triunfo ante Senegal tras la interrupción a mitad del segundo tiempo.
Si hay un balance negativo, éste es para los equipos Latinoamericanos, sólo matizado por los claros triunfos de Argentina y Colombia en los últimos días ante Argelia y Uzbekistán, respectivamente. México, con todos los aditamentos para golear, en el partido inaugural, a los “Bafana Bafana” sudafricanos (un equipo muy débil, como siempre les toca, por un riguroso azar, a los locales), pero extrañamente, los del “Vasco” Javier Aguirre se quedaron cuando llegaron a contar con dos jugadores de más. Panamá cayó sobre la hora ante Ghana y Ecuador hizo lo propio ante Costa de Marfil y Brasil no pudo tampoco con Marruecos.
En cambio, hubo algunos partidos de muy buen nivel, por intensidad como por técnica, como el que Estados Unidos, una de las mayores sorpresas agradables del campeonato, goleó a Paraguay (otro de los latinoamericanos que cayó), o el que disputaron ayer Inglaterra y Croacia, una especie de revancha de aquel partido por el tercer puesto en Rusia 2018.
Sin embargo, y pese a que la mayoría de los goleadores de las grandes ligas ya apareció, como el caso del inglés Harry Kane, el francés Kylian Mbappé o el noruego Erling Haaland (todos, con dos tantos), ninguno brilló tanto como el veterano Lionel Messi, quien en su sexto Mundial marcó un triplete ante Argelia en su debut con Argentina. En todo caso, otra producción que estuvo en un alto nivel es la del estadounidense Christian Pulisic y podría completar el podio el colombiano Luis Díaz.
Pero si en tantos partidos hubo un claro choque de las potencias contra equipos jóvenes, quizá por nervios o por exceso de responsabilidades, también hubo casos de grandes goleadas. La más sorprendente ya fue mencionada, la de un estados Unidos que había sido muy criticado en la previa, en especial el trabajo del entrenador argentino Mauricio Pochettino, ante Paraguay, dirigido por su compatriota Gustavo Alfaro.
Pero podrían citarse las enormes diferencias entre Alemania y Curazao, la de Suecia y Túnez y la de Noruega e Irak, mientras que los asiáticos como Japón y Corea del Sur ratificaron su crecimiento al empatar el primero ante Países Bajos y revertir el resultado el segundo, para acabar venciendo a República Checa.
Por el momento, la única novedad táctica de consideración, aunque deberá ser ratificada en los partidos venideros, es la de los Estados Unidos, una especie de alta presión, pero continuada con pausa y frialdad a la hora de la recuperación, y la ocupación de todo el ancho del terreno en ataque, con Serginho Dest por la derecha y con Pulisic por izquierda.
Este Mundial, por otra parte, viene acelerando algunos cambios importantes, como evitar perder el tiempo en los saques laterales, la mejora en la tecnología del VAR (más preciso que en las ligas o las competencias continentales por utilizar elementos más sofisticados), pero también los “cooling breaks”, que no es otra cosa que el intento de soccerización del fútbol en la búsqueda de acostumbrar a los hinchas a parar los partidos por cuatro veces para conseguir un descanso, asociado a un innecesario consumo.
En un fútbol cada vez más delimitado por la tecnología, los controles y las cámaras, cada vez se disfrutan menos gambetas, fintas o cortinas y cada vez más se impone el pase como único recurso para todo, como si eludir a alguien fuera una herramienta de otro tiempo. Se entiende que el “guardiolismo” se haya terminado de imponer, porque es el fútbol más vistoso y efectivo (de hecho, en la UEFA Champions League, tres de los cuatro semifinalistas fueron dirigidos por entrenadores surgidos de esa rama, como Mikel Arteta, Luis Enrique y Vincent Kompany), pero al mismo tiempo, no todos los equipos están en condiciones de salir jugando desde atrás ni el pase puede ser el único recurso en un deporte tan rico, al que la FIFA busca controlar a toda costa.
Por Sergio Levinsky




