Sobre Papas y Mundiales

Entre cábalas y plegarias, un recorrido por los papados recientes y los campeones mundiales que vuelve a plantear una vieja pregunta: ¿El cielo nos está escuchando? 

La transición entre la reciente visita papal a España y el inicio del Mundial fue tan rápida que todavía sigue alimentando columnas de opinión, tertulias radiales y debates de café. No se trata solamente de dos acontecimientos de enorme repercusión mediática que coincidieron en el calendario. En el fondo, durante esos días se cruzaron dos fenómenos capaces de movilizar emociones colectivas, generar identidades compartidas y despertar adhesiones casi incondicionales: el fútbol y la religión. 

La enorme exposición mediática de ambos temas volvió a poner sobre la mesa una comparación que aparece con frecuencia y que durante esos días ocupó buena parte del espacio en medios y redes sociales. Tanto el fútbol como la religión cuentan con fieles seguidores, símbolos, rituales, relatos épicos y momentos de celebración colectiva. Desde luego, son realidades muy diferentes, pero resulta inevitable observar ciertos paralelismos en la manera en que las personas construyen pertenencias y afectos alrededor de ellas. 

Entre los distintos análisis que escuché en esos días, hubo uno particularmente interesante protagonizado por el periodista Javier del Pino en su programa de la Cadena SER A vivir que son dos días. En una de las habituales conversaciones que mantiene con el escritor Juan José Millás, ambos abordaban precisamente esta sucesión casi sin pausa entre la actualidad papal y la futbolística, intentando comprender por qué ambos temas despiertan semejante atención pública. 

Como invitado participó el escritor y periodista mexicano Juan Villoro, reconocido tanto por su obra literaria como por sus reflexiones sobre el deporte. Villoro explicó que su vínculo con el fútbol, como ocurre con muchos de nosotros, se entiende principalmente a través de los afectos. No se trata solamente de un juego o de una competencia. El fútbol suele estar asociado a recuerdos familiares, amistades, barrios, canchas de tierra y experiencias compartidas. Muchas veces uno es hincha por las personas con las que creció, por quien lo llevó por primera vez al estadio o por aquellos partidos interminables jugados durante la infancia. 

En medio de ese diálogo que transitaba constantemente entre el terreno futbolístico y el religioso, Villoro recordó una coincidencia histórica particularmente curiosa. Durante el Mundial de Brasil 2014 convivían dos papas: el papa emérito Benedicto XVI y el papa Francisco. El primero, nacido en Alemania; el segundo, en Argentina. Dos países que terminarían enfrentándose nada menos que en la final disputada en el estadio Maracaná de Río de Janeiro. 

La anécdota daba pie a una pregunta tan simple como divertida: si los dos eran aficionados al fútbol y mantenían un vínculo especial con sus países de origen, ¿por quién habrían rezado durante aquella final? Villoro cerró la reflexión con una cuota de humor al señalar que, probablemente, las plegarias del cardenal Joseph Ratzinger fueron escuchadas con mayor eficacia que las del cardenal Jorge Bergoglio. Después de todo, en el minuto 113 del tiempo suplementario, Mario Götze anotó el gol que le dio a Alemania su cuarto título mundial y dejó a la Argentina nuevamente a las puertas de la gloria. 

La observación resulta interesante porque invita a revisar la historia reciente de los pontificados y cruzarla con la de los campeonatos mundiales de fútbol. Si tomamos el largo papado de Juan Pablo II, nacido en Polonia y líder de la Iglesia Católica entre 1978 y 2005, encontramos una notable diversidad de campeones. Durante esos años levantaron la Copa del Mundo Argentina, en dos ocasiones; Brasil, también dos veces; además de Italia, Alemania y Francia. 

De algún modo, la famosa consigna que acompañaba muchas de sus visitas pastorales —“Juan Pablo II te quiere todo el mundo”— parece encontrar un curioso reflejo en esa distribución de títulos. Hubo triunfos para distintas latitudes, culturas y tradiciones futbolísticas, sin una hegemonía absoluta. 

Con Benedicto XVI la estadística también ofrece algunas curiosidades. Durante su pontificado, Italia conquistó el Mundial de 2006 y España obtuvo el primero de su historia en Sudáfrica 2010. Más tarde, ya como papa emérito, Benedicto XVI vio a su Alemania natal consagrarse campeona en Brasil 2014. Aquella fue, justamente, la final en la que Argentina cayó ante los alemanes, alimentando la simpática especulación planteada por Juan Villoro acerca de cuál de los dos papas habría tenido más éxito con sus plegarias. 

Con Francisco en el Vaticano, Francia conquistó el Mundial de Rusia 2018 y, cuatro años más tarde, llegó el tan esperado triunfo argentino en Catar 2022, una consagración especialmente significativa para el primer papa latinoamericano de la historia. 

Por supuesto, establecer una relación entre papas y campeones mundiales no pasa de ser un ejercicio lúdico, una de esas coincidencias históricas que sirven para alimentar conversaciones y sonrisas. Nadie puede afirmar seriamente que el resultado de un partido dependa de las plegarias de un pontífice o de la nacionalidad del ocupante de la Silla de Pedro. Sin embargo, las estadísticas, las coincidencias y las historias improbables forman parte del folklore que rodea al fútbol. 

Y es justamente esa mezcla de pasión, fe y relato la que permite seguir encontrando conexiones inesperadas. Por eso resulta inevitable mirar hacia el presente. Con la llegada de Robert Francis Prevost, hoy León XIV, la Iglesia Católica tiene por primera vez un papa nacido en los Estados Unidos. Mientras se desarrolla un nuevo Mundial, surge inevitablemente una pregunta cargada de humor y especulación futbolera: ¿será este el torneo en el que las plegarias acompañen al seleccionado estadounidense? 

El fútbol, en gran medida, se mueve por la fe y la pasión, algo que no resulta tan distinto de lo que ocurre con la religión. Cuando la ansiedad por conocer el resultado se apodera de jugadores, técnicos, dirigentes e hinchas, no son pocos los que se encomiendan a Dios, a Alá, a los santos o a sus propios rituales de la suerte, esperando que ocurra el milagro y que la balanza termine inclinándose a su favor. 

Por eso, más allá de las estadísticas y las coincidencias históricas, la relación entre papas y mundiales sigue despertando curiosidad. Ahora, con León XIV como primer pontífice estadounidense de la historia, se abre un nuevo capítulo para esta singular cronología que mezcla fe y fútbol. Dentro de poco conoceremos quién será el primer campeón mundial bajo el pontificado de León XIV. Una coincidencia más para una historia donde la fe, el fútbol y las casualidades parecen empeñados en seguir encontrándose. 

Por Rubén Costa

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