En Brasil se sigue hablando de Japón

24 horas después del gran susto que Japón nos hizo sufrir en Houston, la noche brasileña se transformó en una mezcla de enorme alivio.

Y de grandes risas en los bares y plazas de Sao Paulo, Río de Janeiro y el resto de Brasil.

La victoria sufrida contra Japón dejó una verdadera cadena de historias curiosas que van mucho más allá de la simple crónica de los 90 minutos de juego.

En las plazas y en las redes sociales, los hinchas brasileños empezaron a bromear sobre la famosa educación de los visitantes asiáticos diciendo que «ahora el Mundial en Estados Unidos seguro va a ser un poco más sucio, porque con Japón volviendo a casa ya no va a haber nadie para juntar la basura en las tribunas después de los partidos».

Los empleados y los limpiadores de los estadios americanos son los verdaderos perdedores de esta jornada, porque ahora van a tener que volver a trabajar duro debido a la partida de los hinchas japoneses….

Muchos hinchas llenaron la red con chistes diciendo que la defensa de Brasil tuvo que correr muchísimo para frenar a un equipo que parecía salido directamente del dibujo animado “Super Campeones”, por la carrera continua y la resistencia física hasta el último segundo.

Esta educación increíble se vio hasta el último instante, porque los fans japoneses, aunque estaban tristes, llorando y con un dolor inmenso por el gol sufrido en el minuto 95, igual limpiaron su parte de la tribuna antes de salir, dejando todas las bolsas ordenadas a la salida del estadio.

En una escena que para la gente de Brasil es pura ciencia ficción.

También en este ambiente, 24 horas después del partido, los grandes ex futbolistas de la selección brasileña comentaron el Brasil-Japón con palabras llenas de respeto para los rivales.

Rivaldo, por ejemplo, explicó en el canal de TV “SBT” de Brasil que «correr y marcar de esa manera que Japón demostró contra Brasil muestra que el nivel del fútbol japonés ya está altísimo». Y que «los hinchas de Brasil tienen que festejar justamente porque el rival era de verdad fuerte, más de lo que imaginábamos».

El histórico capitán Cafú se mostró «impresionado por la disciplina táctica de los defensores japoneses, que taparon las bandas con una precisión increíble durante casi todo el partido».

También el ex delantero Müller, que jugó en el Kashiwa Reysol de la liga japonesa, felicitó al arquero Suzuki y a los defensores centrales japoneses explicando que «Brasil ganó solo gracias a dos jugadas de genio individuales, ¡no lo olvidemos!

Pero la organización de Japón merece una nota altísima por parte de todos los expertos. El que entiende de fútbol vio la fuerza de Japón».

Este respeto hacia los japoneses se sintió mucho también adentro del estadio de Houston, donde el público local americano presente en las tribunas empezó a hinchar abiertamente por Japón durante el segundo tiempo.

Los hinchas americanos estaban conquistados por la carrera continua, el esfuerzo y el coraje de los futbolistas asiáticos, creando una presión calentísima contra los brasileños.

Las imágenes de los jugadores japoneses llorando desesperados en el pasto del estadio en Texas golpearon mucho al público e hicieron nacer otra ironía cariñosa.

Los jugadores japoneses esperaban de verdad ganar el partido contra los cinco veces campeones del mundo.

Y toda su enorme convicción inicial se midió justamente a través de la cantidad increíble de lágrimas derramadas en la cancha después del pitazo final, dicen comentaristas brasileños.

En Brasil se dice, bromeando, que los japoneses lloraron tanto en el extranjero «porque en su cultura no es muy fácil mostrar las grandes emociones en público.

Y entonces aprovecharon el viaje para desahogarse todos juntos en el pasto antes de tomar el avión de vuelta a casa».

Ciertos comentaristas en Brasil repiten que al final le faltó solo un poco de «malicia» al equipo asiático, como decía siempre el gran Zico durante sus años de trabajo en ese país.

En los segundos finales del segundo tiempo, cuando faltaban poquísimos instantes para los tiempos suplementarios, Japón tenía que usar la malicia para aguantar la pelota cerca del banderín, hacer faltas tácticas y hacer pasar el tiempo, en vez de seguir jugando de forma limpia, regalándole la última pelota a Brasil.

La prensa brasileña elogió mucho el comportamiento digno del entrenador Hajime Moriyasu, siempre elegantísimo con su traje.

La Folha de São Paulo dice que «se va a echar en falta ver a Moriyasu escribir apuntes en su famoso cuadernito durante los momentos difíciles”.

Y su gesto de juntar a todos los futbolistas en el medio de la cancha para agradecerles antes de hacer una profunda reverencia hacia los hinchas fue aplaudido como un ejemplo de enorme educación y fair play».

Esta dignidad se vio también en el vestuario japonés en el estadio, que fue dejado perfectamente limpio por los jugadores, con una nota de agradecimiento escrita en inglés para toda la ciudad de Houston.

Esta cercanía cultural se transformó también en un intercambio de regalos de comida, en los vestuarios, después del partido.

Porque el staff de Japón le regaló a la delegación brasileña unos palitos tradicionales de madera decorados junto con dulces típicos japoneses.

Y los cocineros de Brasil respondieron ofreciendo recipientes llenos de pão de queijo caliente y dulces tipo brigadeiros para consolar a los rivales antes de la partida hacia casa.

Por otro lado, Carlo Ancelotti hizo algo histórico. Porque por primera vez en más de un año de trabajo en el banco de Brasil repitió la misma formación por dos partidos seguidos.

Señal de que consideraba este partido como una final peligrosa que pedía estabilidad y tranquilidad para los futbolistas titulares.

Se supo después que por este motivo la fiesta de la victoria en el vestuario de Brasil, en Houston, fue muy tranquila y sin música a todo volumen.

Justamente como una señal de profundo respeto por el valor demostrado por los rivales japoneses y el respeto hacia el rival específico de ese día.

El técnico italiano ganó el partido con un manejo de los cambios que sorprendió a todos.

Se sabe ahora, 24 horas después del partido, que Casemiro estaba jugando su peor partido desde hace muchos meses, cometiendo errores continuos, pero el entrenador lo mantuvo, igualmente, en la cancha.

Y el mediocampista encontró así la oportunidad de meter el gol del empate, tan fundamental para la victoria brasileña.

Inmediatamente después, Ancelotti sacó a un jugador de calidad como Paquetá para poner a un delantero.

Gabriel Martinelli entró y en el estadio todos se preguntaron el porqué de una elección tan riesgosa.

Pero al final fue justamente Martinelli el que inventó el gol de la victoria: puntos para Ancelotti, se descubre en el día después del partido que Ancelotti le ordenó a Martinelli jugar como mediocampista ofensivo y crear espacios adentro de la cerradísima defensa japonesa.

Funcionó.

Hizo hablar también la forma de festejar de Casemiro, que imitó con los dedos los números seis y siete unidos al gesto del pequeño corazón cruzando el pulgar y el índice.

Que es un estilo que se volvió famosísimo en el mundo gracias a la cultura pop de Corea del Sur. El corazón de K-pop.

Esta celebración tan particular fue una dedicatoria especial en honor a su hijo, que ama muchísimo la música K-pop, y esos números y esa seña con los dedos eran un mensaje de cariño directo al hijo, que ama la frase «Seis Siete» tan de moda hoy.

El verdadero golpe de maestro de Ancelotti se descubrió ahora, fue el truco de magia con Neymar.

El delantero, que fue mandado a calentar al borde de la cancha, hizo creer a todos que iba a entrar.

Esta jugada claramente asustó al banco japonés y el entrenador Moriyasu empezó a tomar apuntes en ese momento.

Moriyasu entonces cambió al equipo para defenderse de la posibilidad de que Neymar entrara a la cancha.

Al final Neymar nunca entró al terreno de juego, creando una confusión táctica que debilitó por completo a Japón en los minutos decisivos del partido.

Mientras tanto, ciertos medios de Brasil, como la Radio Tupi, contaron que el joven Kento Shiogai lloró en el vestuario porque entendió que sus declaraciones fuertes antes del partido encendieron el orgullo de los brasileños.

Shiogai dijo que «el Brasil de hoy no es más el fuerte equipo del pasado». Y que el solo conoce » a Neymar y Vini Jr.», olvidándose del multicampeón de la Champions Casemiro, del doble campeón de la Champions Marquinhos, de Raphinha o de Allisson, del Liverpool.

A pesar de esta polémica creada por las palabras de Shiogai, todo el pueblo brasileño quiso de todos modos aplaudir y valorar muchísimo el nivel de Japón después del partido.

Reconociendo la enorme dignidad moral y el crecimiento deportivo de una selección que salió de la cancha entre los aplausos convencidos de todo el país rival.

Presentando un fútbol fuerte, disciplinado, tácticamente inteligente y muy rápido.

Con un toque de Brasil en su forma de jugar.

«Zico le podría haber enseñado un poco menos a estos japoneses», explicó el campeón del mundo de 2002, Denílson, en su transmisión en la TV Globo.

«Se volvieron demasiado fuertes. Nos hicieron sufrir demasiado. Zico… ¡la próxima vez no enseñes todo!».

También Alcindo repitió en sus entrevistas en Brasil: «¿Qué más podemos hacer?… hicimos lo mejor posible en Japón. Enseñamos con paciencia y gran dedicación. No imaginábamos que se iban a volver tan fuertes tan pronto».

Brasil, después de la victoria contra Japón, se prepara para enfrentar a Noruega.

Pero todavía va a tener que descansar, y mucho, después del duro y difícil partido contra Japón.

O como dijo Vini Jr: «¡Si metía ese gol donde la pelota pegó en el palo, tal vez hablarían más del lindo gol que de lo mucho que sufrimos para ganarle a los japoneses!».

Por Ricardo Setyon

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