QUÉ MAL SE TV

El sol que les perforaba el cráneo, la boca seca y el sudor que se hacía insoportable con el correr de los minutos. Jugar en pleno mediodía mexicano se volvía una tortura para los futbolistas y un horario muy redituable para que la televisión oficial vendiera sus transmisiones a todo mundo. Que jueguen y se callen la boca, dictaminó el monarca Joao, cuando se insinuó algún susurro de queja. Aquello ocurrió en el Mundial 86, pero seguramente pasó antes y después también.

Del mismo modo sucedió en aquel 94, cuando los organizadores y las corporaciones televisivas, quisieron imponer que los partidos se disputarán en cuatro tiempos. Por suerte, aquella afiebrada idea no prosperó.

No obstante, algunas décadas después, aparecieron un par de interrupciones contra natura del juego para hidratar las fauces del negocio. Llegó el tiempo del cooling break o de la hidro-hipocresía, en nombre del bienestar del futbolista se fortalece la salud del negocio.

Pausa comercial y a refrescarse que la publicidad no puede esperar. El tiempo transcurre, la tecnología avanza, las relaciones humanas se modifican, en definitiva, el mundo cambia. Lo que no cambia es la manipulación que ejercen los dirigentes para beneficiar a su compinche favorito.

Los patrones y las federaciones siempre juegan a favor de las corporaciones. El negocio es redondo, quien se adjudica los derechos de televisación, tiene derecho a hacer con el FÚTBOL lo que se le antoje y más le convenga.

Desde que la televisión se apoderó de la pelota, el FÚTBOL está sometido a sus caprichos; el FÚTBOL se ha convertido en su esclavo.

Hoy en día, mediante distintas plataformas, los partidos se transmiten a cualquier punto del planeta. Sin embargo, las imágenes ya no muestran lo que sucede en el campo de juego, ahora exhiben lo que le conviene mostrar o lo que les apetece vender: los anunciantes, las marcas, mandamases y capataces, politicuchos y lobbistas, farándula de canje y estrellitas virales… cualquier cosa que se pueda comercializar tiene un lugar de privilegio en el show que promueve la televisión.

Lo primordial es vender el producto y sus derivados; la salud de los protagonista

Por Pablo Lotta

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