Estados Unidos – Bélgica bajo la sombra de Balogun y el poder que borra tarjetas rojas

Este lunes, en el Lumen Field de Seattle, Estados Unidos y Bélgica se juegan un boleto a cuartos de final del Mundial 2026. La previa está marcada por una tarjeta roja que dejó de existir.

Folarin Balogun, máximo goleador estadounidense en el torneo con tres tantos fue expulsado tras una revisión de VAR en el triunfo 2-0 sobre Bosnia y Herzegovina, por pisar el tobillo de Tarik Muharemovic. El árbitro Raphael Claus no tuvo dudas: expulsión directa tras revisar la jugada en la pantalla. Pochettino aseguró que nunca fue roja, que fue una jugada normal del fútbol, sin intención de lastimar al rival. Balogun, por su parte, dijo que una amarilla habría sido lo justo y admitió que vivió días de enojo antes de recuperar la calma.

La sanción inicial era de un partido. Sin embargo, la Comisión Disciplinaria de la FIFA, invocando el artículo 27 del Código Disciplinario de la FIFA, suspendió la sanción a un día del cruce ante Bélgica. El fallo se conoció apenas 24 horas antes del partido, dejando sin margen de reacción a la selección belga. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, celebró la decisión en Truth Social agradeciendo a la FIFA «por hacer lo correcto y revertir una gran injusticia». Con Balogun disponible, Pochettino evita improvisar con Ricardo Pepi desde el arranque y llega a octavos con su goleador en cancha.

Cristiano Ronaldo tiene dos casos similares en su historial reciente. En Rusia 2018, el árbitro paraguayo Enrique Cáceres le sacó tarjeta roja por un golpe sin balón contra el iraní Morteza Pouraliganji; tras consultar el VAR, el colegiado cambió su decisión en pleno partido y la bajó a amarilla, lo que generó críticas de comentaristas como el irlandés Jim Beglin y el estadounidense Stu Holden, quienes hablaron de trato preferencial hacia la estrella portuguesa.

Siete años después, ya rumbo a este mismo Mundial 2026, Ronaldo fue expulsado por un codazo a Jason Knight en la eliminatoria ante Irlanda. La FIFA le impuso tres partidos de sanción por conducta violenta. Cumplió el primero ante Armenia, pero el organismo suspendió el cumplimiento de los dos restantes bajo un periodo de prueba de un año, dejándolo disponible para el arranque del torneo con Portugal.

El antecedente más escandaloso y el más citado en la historia de los Mundiales, ocurrió en España 1982. En el Francia-Kuwait de Valladolid, con los franceses arriba 3-1, Alain Giresse marcó el cuarto gol tras un pase de Michel Platini. Los jugadores kuwaitíes se detuvieron al escuchar un silbido desde las gradas, creyendo que se trataba del árbitro, pero el colegiado soviético Miroslav Stupar validó la anotación. Ante eso, el jeque Fahad Al-Ahmed Al-Jaber Al-Sabah, presidente de la federación kuwaití y hermano del emir, bajó del palco directamente al campo de juego y ordenó a sus jugadores que se retiraran si el gol no se anulaba.

Tras varios minutos de discusión frente al banco kuwaití, Stupar dio marcha atrás y anuló el gol. Francia terminó ganando igual 4-1, con un tanto posterior de Maxime Bossis ya sin polémica. La FIFA suspendió de por vida a Stupar para dirigir partidos internacionales y multó al jeque con 10.000 dólares. Guardando las distancias de época y de método, el paralelismo con Balogun es directo: en ambos casos, una figura de poder ajena al arbitraje, un jeque en el campo en 1982, un presidente en Truth Social en 2026, logró torcer una decisión deportiva ya tomada.

España también tiene su propio capítulo: los cuartos de final de Corea-Japón 2002, ante el anfitrión surcoreano, en Gwangju. El árbitro egipcio Gamal Al-Ghandour anuló a España dos goles legítimos. Primero invalidó un tanto de Rubén Baraja por una supuesta falta previa de Iván Helguera. Ya en la prórroga, anuló un segundo gol de Fernando Morientes, de cabeza tras centro de Joaquín, porque el asistente de línea Michael Ragoonath señaló que el balón había salido por la línea de fondo antes del centro. Las repeticiones de televisión mostraron que el balón nunca salió del campo. España, eliminada en la tanda de penaltis, vio cómo Corea del Sur avanzaba a semifinales, su mejor resultado histórico. El entonces presidente de la Real Federación Española, Ángel María Villar, renunció horas después a su cargo en la Comisión de Árbitros de la FIFA. El organismo nunca reconoció una conspiración, pero el episodio quedó marcado como uno de los mayores escándalos arbitrales de la historia de los Mundiales, en un torneo donde Corea del Sur también recibió fallos a favor frente a Portugal e Italia.

El torneo ya había estrenado antes de este episodio una regla inédita conocida como «Ley Vinícius-Prestianni»: roja directa por cubrirse la boca durante una confrontación con un rival. Nació del incidente del 17 de febrero de 2026 en la Champions League, cuando el argentino Gianluca Prestianni, del Benfica, se cubrió la boca con la camiseta mientras se encaraba con Vinícius Júnior, del Real Madrid, quien denunció un insulto racista que las cámaras no lograron confirmar. La UEFA sancionó a Prestianni con seis partidos, tres de ellos en suspenso. La IFAB (International Football Association Board) aprobó la nueva norma por unanimidad en abril, en el Congreso de la FIFA en Vancouver, y entró en vigor a tiempo para el Mundial. Ya dejó dos expulsiones en el torneo: la del paraguayo Miguel Almirón, en la fase de grupos ante Turquía, y la del ecuatoriano Piero Hincapié, quien se cubrió la boca en una discusión con el mexicano Santiago Giménez en el minuto 90+5 del México-Ecuador de dieciseisavos. Ese antecedente, sumado al caso Balogun, deja al Mundial 2026 con más de un capítulo donde el reglamento se cruza con la presión externa antes de que ruede el balón.

Por Johani Ponce

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