Argentina sufrió ante Egipto, avanzó a cuartos, pero recibe otra alerta roja

La selección argentina estaba eliminada. Era sólo esperar que transcurriera el último cuarto (ahora que a la FIFA se le dio por dividir los tiempos como en el básquetbol para recaudar más todavía) y que, al menos, un campeón del mundo cabal como lo fue el equipo albiceleste en Catar, no se fuera del torneo con una goleada en contra.

Eso se respiraba: una mezcla de desazón, cansancio, impotencia. Era claro que, esta vez, el equipo de Lionel Scaloni no había podido generar el fútbol que sí tuvo tres años y medio antes con casi los mismos protagonistas, y nunca había podido reemplazar a Ángel Di María. Como nunca, se entendía aquella intención de Scaloni de recuperar al delantero de Rosario Central, que no cambió su postura y dio por terminado su ciclo con la casaca nacional.

Sin embargo, tras el segundo gol egipcio de Mostafá Zico a los 67 minutos, algo se movió. Sin haber encontrado nunca un funcionamiento colectivo ofensivo, la selección argentina, de repente, decidió vender cara su eliminación y salió a matar o morir. De hecho, los africanos tuvieron un par de situaciones claras de gol, en superioridad numérica, que no finalizaron aumentando el marcador por los últimos recursos defensivos, pero anduvieron rondando el tercer tanto.

Llegó el descuento de Cristian Romero, por un centro de Lionel Messi que se despertó de un largo letargo tras haber fallado su segundo penal en el Mundial, y con ello, la esperanza de una remontada que llegó, otra vez, en los sabios pies del rosarino, que de esta manera llego a su octavo gol en el torneo y el 21 en la historia de los mundiales.

El equipo argentino ya era otro que no tenía mucho que ver con las tres cuartas partes anteriores: dominante, sólido, y crecido con el ingreso de Lautaro Martínez por Rodrigo de Paul, mucho más por tener casi cuatro jugadores en ataque junto a Messi, Julián Álvarez y Nicolás González, ante un rival que se quedó paralizado y que tampoco era ya el que fue.

El tercer gol, ya en el descuento, de Enzo Fernández, fue muy festejado porque significaba que otra vez el equipo argentino, como contra Cabo Verde, se había repuesto de una situación muy negativs en una clara demostración de carácter.

De todos modos, volvió a recibir un alerta roja: jugando así, con carencias atrás, lentitud en el medio y falta de creatividad y de atacantes arriba, podrá pasar una rueda más, como mucho, pero ante potencias como España, Francia o Inglaterra, jugando así no tiene chances. Y con un plantel reducido por no estar muchos en su punto, y con pocos días de recuperación, es casi un milagro que no haya quedado eliminada.

Dicen que lo que no matra, fortalece. ¿Será el caso? De cualquier modo, Argentina tiene una larda deuda de fútbol. Al mismo tiempo, con escasas llegadas, hizo figura al arquero visitante, Mostafá Shoubir. Lo que pudo hacer con algunas convocatorias más acertadas…pero es lo que hay. ¿Alcanzará para más?

Por Sergio Levinsky

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