El debate no es sobre Argentina, es sobre el VAR

Las polémicas arbitrales que rodean a la Selección Argentina pueden ser el árbol que no deja ver el bosque. El verdadero debate está en la aplicación cada vez más amplia del VAR y en cómo la tecnología está transformando el fútbol que conocíamos.

El Mundial 2026 está transcurriendo, sobre todo en estas instancias finales, bajo una frase o lema recurrente: “la FIFA beneficia a Argentina”. Su origen podemos encontrarlo en diferentes fuentes. Una puede deberse a nuestra particular idiosincrasia y forma de vivir el fútbol. En 2022 caíamos simpáticos, resultábamos pintorescos; incluso generó alegría que fuese un Mundial que pudo ganar Messi. En cambio, para algunas personas, países, etc., hoy somos unos verdaderos pesados, agrandados, insufribles y con muchos otros adjetivos calificativos.

Otra explicación podría atribuirse a que, desde hace unos años, la presidencia de Milei viene marcando un giro importante en las relaciones internacionales, con una vinculación y un seguidismo más que estrecho con las políticas de Trump y Netanyahu. Con todo lo que está ocurriendo en Oriente Medio, esto no necesariamente genera una corriente de simpatía hacia Argentina.

Otro aspecto interesante, especialmente en España, es lo que sostiene el periodista David Bernabéu, acerca de que existe un sector del madridismo que mantiene una actitud persistente de desmerecer a Lionel Messi, minimizando sus logros y relativizando su legado por el impacto que tuvo durante su etapa en el Barcelona. Según él, esa resistencia responde a que Messi marcó una época muy difícil de superar para el Real Madrid y su entorno.

Desde mi punto de vista, los diferentes orígenes de esta percepción deberían ser objeto de estudio para encontrar algo más detrás de estos argumentos, que, en realidad, son más bien hipótesis destinadas a intentar explicar un fenómeno tan mediático que, seguramente, tiene la capacidad de generar muchos likes y visualizaciones de vídeos y notas en medios de comunicación, alimentando la polémica sobre “la ayuda FIFA a la Selección Argentina”.

En realidad, creo que esconden una polémica mucho más profunda: estamos asistiendo a un cambio radical del fútbol tal como lo conocíamos. Y el verdadero reto del futuro será comprobar cómo todos estos cambios se aplicarán, con mayor o menor fortuna, en nuestras competiciones domésticas.

Un ejemplo cercano es la expulsión del jugador suizo Breel Embolo por simular una falta. En esa acción, el VAR avisó al árbitro de campo, quien revisó la jugada, aplicó la segunda tarjeta amarilla y, por consecuencia, la roja. Esta es una nueva aplicación del protocolo FIFA, donde el VAR vuelve a ser protagonista, y no es la primera vez que ocurre: ya había sucedido con Paraguay frente a Estados Unidos.

Los titulares fueron: “Argentina gana con polémica”. Pero, ¿qué polémica? La medida puede ser polémica; no necesariamente el triunfo. El análisis debería centrarse en cómo se aplicará, con qué criterio y qué seguridad y garantías tendrán los equipos sobre su interpretación.

Otro ejemplo es el gol anulado a Egipto. La decisión se basó en el concepto de APP (Attacking Possession Phase o Fase de Posesión de Ataque), que forma parte del Protocolo VAR de la FIFA y de las Reglas de Juego de la International Football Association Board (IFAB). El VAR detectó que, al inicio de la misma secuencia ofensiva que terminó en gol, el egipcio Marwan Attia pisó el pie de apoyo de Lisandro Martínez al recuperar la pelota. Como esa infracción ocurrió dentro de la misma APP y desembocó directamente en el gol, el VAR estaba habilitado para revisar la acción y recomendar la anulación del tanto. El árbitro François Letexier revisó la jugada en el monitor y sancionó la falta previa.

Pero quizás el árbol nos está tapando el bosque. La polémica no debería ser si Argentina fue favorecida, sino observar cómo la aplicación cada vez más amplia del protocolo VAR está cambiando el fútbol que conocíamos: cuándo empieza y cuándo termina una jugada, qué acciones pueden ser revisadas y hasta dónde la tecnología debe intervenir en el desarrollo natural del juego.

Con solo dos casos, la pregunta deja de ser si Argentina fue ayudada o perjudicada. El verdadero debate está en cómo esta evolución del arbitraje modificará la interpretación del fútbol y qué margen tendrá el juego espontáneo frente a la revisión permanente.

Esto, sin entrar en las famosas pausas de hidratación, que son una buena medida para preservar la salud de los futbolistas, pero que deberían entenderse como una situación puntual y no necesariamente como una norma establecida.

La sensación de que el VAR cada vez decidirá más partidos y que el árbitro de campo asumirá un rol de portavoz o vocero de sus decisiones tengo la percepción de que irá creciendo. Y con ello aumentará la sensación de que el guión del partido se escribirá cada vez más desde la Sala VAR.

Hace años, en una rueda de prensa posterior a un partido de Champions, en noviembre de 2020, le pregunté al técnico rumano del Dinamo de Kiev, recientemente fallecido, Mircea Lucescu, qué opinaba sobre el VAR. Fue muy contundente contra este sistema:

«Estoy totalmente en contra. El fútbol era más espectacular sin el VAR. Era mejor para todos: para la afición, la prensa y hasta para generar más polémica».

Por eso creo que, si durante el Mundial los titulares son “Argentina gana con polémica”, incluso podemos entender que forma parte del folklore del fútbol: el eterno Barça-Madrid, Messi contra Cristiano, las rivalidades históricas, etc. Puede formar parte del juego.

Pero si nos quedamos únicamente en esa lectura, estaremos cometiendo un grave error. Porque el verdadero debate no es si Argentina recibe ayudas o no, sino observar cómo cada vez veremos un fútbol que entenderemos menos, donde todo será cuestionable, incluso el triunfo del rival ocasional.

Por Rubén Costa

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