Argentina a la final, con un segundo tiempo histórico ante Inglaterra

La selección argentina ya estaba en la historia por la cantidad de títulos que ganó y por su regularidad en el más alto nivel, durante este ciclo de casi ocho años bajo la dirección técnica de Lionel Scaloni, pero este pase a la final del Mundial 2026 del domingo en Nueva Jersey ante España, luego de arrollar a Inglaterra durante gran parte del segundo tiempo, la inscribe en letras doradas.
Otra vez, la selección argentina estuvo al límite y a cinco minutos del final, perdía 1-0 ante una Inglaterra que hacía rato que se había replegado con todos sus hombres y, vaya paradoja por lo que tanto se comentó del estado físico de los albicelestes, no hacía pie: un tremendo goleador como Harry Kane, se paraba como volante central. Judd Bellingham, que alcanzó su gran nivel en el torneo de los Estados Unidos, desapareció por completo.
Tomas Tuchel, el muy buen entrenador alemán de la selección inglesa había hecho entrar al gigante Burns, del Newcastle, para despejar los centros, pero no hubo nada que hacer. Los británicos fueron literalmente arrollados por el fútbol del equipo argentino, que se lanzó con todo, tal como ante cabo Verde o Egipto, y en un lapso de 42 minutos, desde el gol de Gordon hasta el de Lautaro Martínez, que dio vuelta el partido para ponerse 2-1 en el minuto 91 sobre 102 jugados, hubo tres remates de Enzo Fernández de los que uno rozó el travesaño, otro fue muy bien despejado por el arquero Pickford, y el tercero fue el bonito gol que lo venció para un festejo a lo Topo Gigio.
Pero además hubo dos remates en los palos, una jugada más de Mac Allister que rozó el poste, un cierre perfecto de Spence cuando Giuliano Simeone se iba al gol y fue felicitado por varios de sus compañeros, y los dos goles argentinos, como para que no quepan dudas sobre merecimientos a la hora del festejo final.
Porque el partido comenzó con una alta presión inglesa en los últimos metros, de la que a Argentina le costó salir, aunque lo hizo con paciencia y precisión, y fue saliendo de a poco, pasado el primer cuarto de hora, a través de los lentos movimientos de Leandro Paredes, bien acompañado por Enzo Fernández y por Alexis Mac Allister, aunque Messi perdía todos los duelos individuales y Julián Álvarez luchaba solo contra varios adversarios.
El equipo argentino iba logrando defenderse mejor, pero no llegaba al arco de Pickford y a los 9 minutos del segundo tiempo llegó el gol británico tras un centro al ras, al segundo palo, que capitalizó Gordon.
El conjunto albiceleste sintió el impacto, pero allí, en ese momento de caminar por la cornisa, se avivó la llama de la resiliencia. Scaloni hizo entrar a Nicolás González por Paredes, el juego se hizo más rápido, los argentinos comenzaron a abrir la cancha e inexorablemente, Inglaterra se fue para atrás con todos sus hombres, ya sin delanteros ni volantes ofensivos: los once se fueron metiendo contra su propio arquero y la presión se hizo más intensa cuando Montiel reemplazó a Molina para irse como extremo derecho, Rodrigo De Paul, que entró bien al partido, volvió a ser el motor necesario, y ya a Inglaterra se le hizo imposible de llevar.
Así es que llegó el golazo de Enzo Fernández cuando quedaban cinco minutos, pero como dijo Scaloni, este equipo se pone incontenible cuando huele sangre y allí apareció el tiempo justo para intentar no llegar al alargue. Tuchel se había equivocado al quitar a su mejor jugador, el que le otorga equilibrio a su equipo, Declan Rice, y fue el momento en el que los albicelestes se dieron cuenta de que se podía ganar en el poco tiempo que restaba.
Lionel Messi comenzó a pedir la pelota, a hacerla girar, se convirtió en el eje absoluto, y un centro suyo fue conectado a la red por Lautaro Martínez y aunque quedaban algunos minutos, la suerte estaba echada porque la capacidad de reacción de los británicos fue tibia y además, Tuchel había hecho previamente cambios defensivos para preservar la escasa diferencia.
Argentina conseguía, así, uno de sus grandes triunfos de los últimos años y se metía en su segunda final consecutiva, la séptima de su historia, y la tercera de las últimas cuatro, y lo hizo jugando un fútbol ofensivo que Inglaterra (a confesión de partes…) no pudo resistir.
Al final, a la garra, el carácter, la lucha sin darse por vencido, fueron grandes aditamentos pero lo que primó fue el juego. Una excelente manera de llegar a la final del domingo ante España.
Por Sergio Levinsky




