Messi dice que se retira, pero queda un hilito de esperanza
Por Sergio Levinsky, desde Madrid

Tratándose de un genio que deja tanta huella en la Selección y en el fútbol argentino, y como amante del fútbol, incluso, más allá de banderas y camisetas, uno se aferra a los criterios más racionales que encuentra a mano para prolongar una decisión que, de todos modos, algún día iba a llegar.
Lionel Messi acaba de anunciar que se retira de la selección argentina luego de veinte años repletos de talento y goles, en un ciclo que fue creciendo en gloria y expectativas y en el que acabó por convencer hasta al más incrédulo sobre lo que podía aportar en una cancha, en uno de los fenómenos más extraños vistos en el fútbol mundial.
Messi publicó en estas horas una carta escrita a mano en su cuenta de Instagram, en la que informa que dejará la Selección y se transformará “en un hincha más” porque considera que tras el pasado Mundial, en el que fue el mejor jugador del torneo a los 39 años, con 8 goles convertidos, que lo transforman en el segundo máximo anotador de la historia del torneo, “se vació” y atribuye parte de lo acontecido a la reciente muerte de su padre, Jorge, al poco tiempo de finalizado el torneo de Norteamérica.
Nadie puede decir que se sorprende porque era algo más que posible una vez que terminara el Mundial y con otro muy lejos del alcance, a cuatro años de distancia, aunque en el próximo Argentina tenga un partido de local que podría ampliarse a cuatro o cinco si avanza la idea de llegar a 64 equipos participantes, como pretenden la AFA y la Conmebol, y que podría haber sido escenario de su retiro ante su público en partidos oficiales.
Messi deja, además de su impronta con su genialidad y sus goles, varios títulos entre los cuales hay que contar el Mundial 2022, las Copas América 2021 y 2024, la Finalissima de 2022 y varias finales de Mundiales (2014 y 2026) y Copas América (2007, 2015 y 2016) perdidas pero a las que había que llegar a disputar, algo que no muchos equipos albicelestes consiguieron y con tanta continuidad, pero el rosarino también deja en su palmarés un Mundial sub-20 (2005) y la medalla dorada en los Juegos Olímpicos 2008.
Ocho veces Balón de Oro, cuando su máximo perseguidor, Cristiano Ronaldo, tiene 5, fue considerado dos veces mejor jugador del Mundial (2014 y 2022) y otra, el mejor del Mundial sub-20 de Países Bajos.
Pocos jugadores consiguieron generar tanto cambio de percepción y de relación amorosa con su público. Messi rechazó infinidad de veces la oferta de la Real Federación Española (RFEF) para jugar en “La Roja”, algo que parecía posible al no haberse puesto nunca, en Primera, una camiseta de un equipo argentino, aunque siempre se haya identificado con Newell’s Old Boys, porque su firme deseo fue, siempre, vestir la albiceleste.
Su padre, Jorge, insistió muchas veces acercando videos de su hijo en el Barcelona al cuerpo técnico de Marcelo Bielsa, si bien su convocatoria se debió a que en el Mundial sub-17 de Finlandia, fue su compañero del Barcelona Cesc Fábregas el que le dijo a la delegación argentina, tras ser eliminada por España en cuartos de final, “ustedes perdieron porque no convocaron al mejor, mi compañero Leo Messi”. El desconocimiento del chico en la AFA era tal que en el fax enviado al club catalán preguntaron por “Mecci”.
La relación entre Messi y buena parte del público argentino fue muy complicada. Se trató, hasta 2021, de una época rara, en la que la selección argentina no ganaba un título oficial desde 1993 y la presión era muy alta, porque, además, llegaba a disputar casi todas las finales, sin poder imponerse.
Especialmente el público de mediana edad hacia arriba no le tuvo la paciencia requerida y lo cargó de estigmas como que sólo venía a las convocatorias por dinero o que era un “pecho frío” hasta que tras errar un penal en la definición de la Copa América Extra de 2016 en la final ante Chile en Estados Unidos, decidió despedirse y allí se encontró con un hecho impactante: los jóvenes, que fueron los que más lo seguían en las redes sociales o lo veían en el Barcelona, se movilizaron para su retorno, en un hecho contracultural: un país muy exitista, que le pedía a un “derrotado” que por favor regresara.
Desde allí, nada fue igual. Messi comenzó a sentirse querido y seguro, algo que terminó de consolidarse con la llegada de Lionel Scaloni como DT desde 2018. El rosarino se fue “maradonizando”, fue convirtiéndose en un líder de una nueva generación, y llegaron los éxitos en su veteranía, para consagrarse campeón del mundo en 2022 y consiguiendo algo muy difícil: que en todo el planeta quisieron que ganara Argentina para que ganara él.
Ahora, en el caso de que se vaya de verdad y que esto no haya sido producto de cierta depresión post mundial y por la muerte de su padre, llega el momento de un cambio en la selección argentina, del que comenzarán a verse las derivaciones, desde la continuidad o no de Scaloni de la simpatía o no de parte del mundo hacia el equipo nacional y, especialmente, en el juego.
Con la secreta esperanza de que Messi vuelva a recapacitar (tiene 927 goles, a sólo 73 de los mil, su contrato con el Inter Miami vence el 31 de diciembre de 2028) y regrese más adelante a la selección argentina, sólo cabe decirle gracias por tanto, por su talento, su determinación, sus goles y los momentos inolvidables que nos regaló y que atesoraremos.




