Algunos hablan de fútbol, yo hablo del balón
Los que me acompañan en este camino del periodismo deportivo saben muy bien que un Mundial está hecho de historias humanas, de bastidores, de resultados increíbles, de tácticas y, claro, de curiosidades.
Curiosidades que, sin ellas, yo no estaría aquí.
Aquí en México, aquí en los Estados Unidos, aquí en Canadá. ¡Aquí en el Mundial!
Quiero color. Sabor a fútbol. Pasión, entusiasmo, locura y mucha emoción.
En este universo que recorro por el mundo existe un personaje silencioso, muchas veces criticado, tantas veces olvidado, que carga con el peso de todo el espectáculo: la pelota.
Mirar a las canchas hoy y ver a la estrella de este Mundial en suelo norteamericano, la “Trionda”, como la llaman, me hace pensar en el abismo tecnológico que cruzamos para llegar hasta aquí.
El fútbol cambió, y su herramienta principal, la pelota, se convirtió en una verdadera computadora que se conecta a la corriente eléctrica antes del silbatazo inicial del más grande torneo del mundo.
Para entender el tamaño de la revolución que representa la nueva pelota “Trionda”, necesitamos hacer un viaje rápido en el tiempo.
Quienes son de la vieja guardia recuerdan el drama que era jugar al fútbol bajo una lluvia fuerte en los años setenta u ochenta.
La pelota de cuero legítimo absorbía agua, duplicaba su peso y se transformaba casi en una piedra capaz de noquear algunas veces a un defensor a la hora de cabecear.
El primer gran salto de calidad ocurrió en el Mundial de Italia, en 1990, con la hermosa “Etrusco Único”, la pionera en usar una capa interna de espuma de poliuretano.
Fue el adiós definitivo al cuero pesado.
Una nueva era de modernidad comenzaba con las pelotas de los Mundiales.
Cuatro años después, en los Estados Unidos, la “Questra” mejoró esa fórmula con una espuma todavía más tecnológica.
Todo para hacer el juego más rápido y «suave».
Diseñada a la medida para el público estadounidense que quería ver una lluvia de goles.
¿Y a que no saben qué? Funcionó.
El diseño clásico también tuvo sus etapas.
En 1970, en México, nació la “Telstar” con sus míticos gajos blancos y negros, creados puramente para que la pelota se viera bien en las transmisiones de televisión en blanco y negro.
Fue una fiesta que dura hasta hoy: una pelota típica de fútbol, en un llavero, en un sombrero, en un vaso o en una camiseta, siempre es esa con las formas en blanco y negro.
Ese diseño geométrico dio origen a la famosa pelota “Tango” para el Mundial de 1978, en Argentina, definiendo la imagen visual del fútbol por casi treinta años.
La tradición se rompió de verdad, solo en el Mundial de Francia, en 1998, con la “Tricolore”, la primera pelota totalmente de colores en la historia, abriendo asi el camino para la explosión visual de la “Fevernova” en 2002, en Corea y Japón.
Hermosa… semidorada, de alta calidad y muy elogiada. Elegida como la más bella pelota por una Universidad de Diseño en Italia.
Pero los aficionados, y principalmente los jugadores, recuerdan más bien los traumas recientes.
Aquella llamada “Jabulani”, usada en el Mundial de Sudáfrica en 2010, que se convirtió en sinónimo de pesadilla por culpa de su trayectoria en el aire completamente impredecible.
Jabulani… qué recuerdos para los porteros…
Un error corregido de forma brillante por la pelota “Brazuca”, creada para el Mundial de Brasil en 2014.
La más vendida hasta ese momento en la historia de las pelotas de fútbol.
En Qatar, en 2022, la “Al Rihla” estrenó la tecnología conectada, pero con un sistema mecánico complejo: el chip flotaba en el centro geométrico de una cámara, sostenido por cables tensores en el alto y que se conectaba con la pelota.
Un lío. Pero fue un intento de modernizar a la redonda.
La ingeniería de la “Trionda” metió todo ese pasado en la licuadora para crear algo totalmente nuevo.
El nombre no se eligió por casualidad.
Antes de tomar la decisión final, la mesa de diseño de Adidas discutió opciones como Amistad, Continental y AeroTri.
Eligieron «Trionda» porque la palabra suena bien en inglés, español y francés, los idiomas oficiales de las tres sedes. Además de jugar con la unión de las tres naciones y el movimiento de las famosas «olas» que hacen los aficionados en las tribunas. Y que se lo diga bien claro: ¡nacido en México!
El diseño es un homenaje visual a esta unión: el patrón de colores mezcla rojo, verde y azul, los colores de las banderas nacionales de México, Canadá y Estados Unidos.
Y, cuando miramos de cerca, los gajos muestran la hoja de Maple (árbol de arce) canadiense, la cabeza del águila real mexicana y la estrella de cinco puntas de los Estados Unidos.
Los detalles en dorado rinden homenaje a la copa de la FIFA, y cuatro paneles se conectan formando un triángulo perfecto justo en el centro: tres países, por primera vez en la historia, organizando juntos un Mundial.
Mecánicamente, estamos hablando de una obra de arte.
¡La “Trionda” está hecha con solo cuatro paneles pegados con calor, el menor número de gajos en la historia de los Mundiales!
Menos uniones dejan la pelota más lisa y veloz, pero corren el riesgo de provocar el efecto de «pelota de playa», esa trayectoria irregular de la antigua “Jabulani”.
Para domar la física y no repetir ese efecto que nadie quería, los ingenieros diseñaron las costuras térmicas a propósito más profundas, generando un aire controlado que mantiene el vuelo directo hacia el objetivo, siguiendo la fuerza y la dirección de quien patea la pelota.
Fueron más de tres años de pruebas secretas en túneles de viento de tecnología aeroespacial en Alemania.
Allí, jugadores de ligas menores locales usaron prototipos totalmente blancos para no dar avances a la prensa.
Secreto total.
Pero el verdadero gran secreto de la “Trionda” está escondido debajo de su piel hecha con material sustentable.
De hecho, es la primera hecha 100% con materiales de base biológica, usando pinturas a base de agua y resinas extraídas de la caña de azúcar y el maíz!
A diferencia de su antecesora de Qatar en 2022, el sensor de movimiento IMU de 500 Hz de frecuencia, desarrollado por la empresa Kinexon, no se queda colgado con cuerdas, realizando las mediciones, velocidad e impactos a la distancia.
¡Está metido directamente dentro de una capa especial de uno de los cuatro paneles externos de la pelota misma! ¡Simplemente la tecnología más moderna jamás vista en el deporte más popular del planeta!
Para evitar que este chip de 14 gramos desequilibre la pelota y la haga dar vueltas raras en los pases largos, se creó algo muy ingenioso: se instalaron contrapesos milimétricos y calibrados con láser en los otros tres paneles vacíos.
Es una balanza perfecta. Tecnología de punta.
Ultramoderna.
Este chip trabaja al mismo tiempo con un anillo de cámaras ópticas repartidas por el techo de cada estadio.
El sensor avisa el milisegundo exacto en el que la pelota fue tocada, y las cámaras dibujan la posición de los deportistas, armando el modelo 3D del VAR (el grupo de cámaras de video que revisa todas las jugadas en el estadio, ¡usado por primera vez en Brasil!) en menos de tres segundos.
La tecnología es tan fina… pero tan fina, ¡que la pelota «sabe» con qué parte del cuerpo fue golpeada!
El sistema puede distinguir la vibración de una patada con el botín, de un cabezazo en la frente o de un toque con la mano, terminando con las dudas históricas.
Ahí es donde entra el verdadero «permiso de entrada» de la pelota a la cancha, una operación detrás de las escenas que es una guerra de frecuencias de radio.
Para que el sistema funcione, los ingenieros de Kinexon trabajan junto con el comité de árbitros de la FIFA dentro de una cabina especial en cada estadio.
Su desafío es proteger a la pelota: o sea blindar y proteger la señal del chip interno.
Imagínense la interferencia que arman las redes de Wi-Fi gigantescas instaladas en los estadios estadounidenses y los celulares de 80 mil aficionados transmitiendo videos al mismo tiempo.
Además de las señales de radio y televisión.
Pues Kinexon ajusta una frecuencia de radio muy amplia y exclusiva para la pelota “Trionda” y su chip.
Si esta aprobación técnica falla aunque sea por un solo segundo, la pelota pierde el permiso de la FIFA para usarse en partidos oficiales.
Toda esta inteligencia artificial gasta energía, y la batería interna dura entre seis y ocho horas.
Por eso, la “Trionda” tiene una rutina curiosa: se conecta al enchufe.
Así es.
Como tu celular.
El «Gerente de Pelotas» de la FIFA guarda el grupo de pelotas en un maletín especial antes del calentamiento, recargando el sistema por energía magnética, sin ningún agujero de enchufe en el cuerpo de la pelota.
Esta complicación electrónica necesita una logística militar.
Imagínese cientos de pelotas viajando en las bodegas de los aviones entre los tres países.
La vibración del vuelo y el cambio de presión harían que los chips mandaran datos sin parar, acabando con las baterías.
¿La solución?
Los ingenieros crearon un «Modo Avión» magnético.
Igual que en el celular.
Las pelotas viajan pegadas a un imán especial que apaga el sistema, y este solo «despierta» en la base especial de carga del estadio al que llegan.
Para cada partido, se preparan exactamente 14 unidades: una pelota en la cancha, una en la mesa del cuarto árbitro y doce con los alcanza pelotas.
Y todas están sintonizadas en la misma y protegida frecuencia de radio exclusiva.
Esta exclusividad cambia viejas tradiciones del fútbol.
¿Recuerdas esa historia del jugador que mete tres goles, el famoso hat-trick, y se lleva la pelota para la casa abajo del brazo?
Olvídalo.
En el Mundial, el protocolo de seguridad obliga a los árbitros a recoger las 14 pelotas electrónicas para revisar los datos.
El jugador solo recibe una réplica de regalo por parte de la FIFA semanas después.
La pelota real del partido se queda guardada en los «archivos» de la FIFA.
¿Y cuánto cuesta todo este juguete de lujo, que es la “Trionda”?
El abismo de costo de producción entre el cuerpo físico de la pelota y la tecnología es gigante.
La parte de la estructura de la pelota, hecha en masa en las líneas automáticas de la ciudad de Sialkot, en Pakistán, y en Indonesia, cuesta entre 20 y 30 dólares en materiales y labor.
Pero después de recibir el trasplante del chip en Alemania, el ajuste con láser y la aprobación de la FIFA, el costo final calculado de cada unidad inteligente está cerca de los 200 a 250 dólares.
El precio final de una pelota oficial completa llega casi a los 300 dólares.
Para el aficionado en las tiendas de Norteamérica, Adidas vende la réplica simple por 40 o 50 dólares.
Sin chip.
Y la versión «Pro», idéntica a la del partido, por cerca de 160 o 170 dólares. También sin chip.
Un detalle divertido: si miras esa versión Pro contra la luz, vas a notar la marca interna donde se debería instalar el chip.
La fábrica usa el mismo molde para ahorrar en la producción, pero deja el espacio vacío para el mercado de las tiendas.
Solo falta entender cómo reaccionaron los verdaderos dueños del espectáculo a esta revolución.
Al principio, los porteros estaban asustados con los cuatro paneles, temiendo los efectos raros del pasado.
Hoy, la opinión en los vestuarios es de alivio.
Porteros con mucha experiencia elogian la trayectoria limpia y precisa de la Trionda.
Los delanteros también aprobaron la velocidad pura que gana después de que le pegan y el agarre que la textura grande ofrece para los regates bajo la lluvia.
La única queja real viene de los jugadores de defensa.
Como la estructura interna tiene que ser dura para proteger los sensores, el golpe en los pases largos se siente más firme.
En los entrenamientos, un defensor llegó a bromear diciendo que «parece que estamos cabeceando una computadora entera».
Además, los entrenadores están usando los reportes de fuerza medidos en unidades en Newtons, que da el chip para exigir un esfuerzo físico total a los deportistas. Ya no se puede fingir intensidad.
La “Trionda” demuestra que el fútbol llegó a un punto sin retorno, donde la tradición del deporte más popular del mundo se rinde ante la precisión de la ciencia del espacio.
Cuando la pelota ruede en el próximo partido, acuérdate: ahí adentro hay un corazón electrónico que viajó en modo avión, descansó en el enchufe del vestuario, fue recargada y pasó la prueba del bloqueo de frecuencias de Kinexon para asegurar que la justicia del resultado del partido sea tan exacta como la ingeniería que la creó.
Al final, todo es fútbol.
Incluso con la pelota más tecnológica de la historia.
Lo difícil va a ser que un jugador malo pueda jugar bien con una pelota tan perfecta…
Por Ricardo Setyon




