Argentina está verde

Se suele decir que para ser campeón mundial se tienen que alinear los planetas por su duración, que no es tanta: un mes antes, a lo sumo cuarenta días, ahora. En ese breve lapso, tomando en cuenta que un ciclo entre mundiales (que, a semejanza de los Juegos Olímpicos, podríamos denominar “mundialíada”) que dura cuatro años, todo debe estar de la mejor manera posible: jugadores sin lesiones, en buen estado físico, sin problemas extra futbolísticos que desvíen sus pensamientos, viento a favor con el azar-
Eso ocurrió con la selección argentina que alzó el título en Catar el 18 de diciembre de 2022. Luego, ocurrió lo que tanto se temía. Lionel Scaloni, un entrenador con sentido común (tan difícil de conseguir, basta otear más allá de la orilla del Río de la Plata), prometió a diestra y siniestra que a él no le ocurriría lo que a sus antecesores César Luis Menotti y Carlos Salvador Bilardo: no se “casaría” con los campeones del mundo. No sentiría que les debe nada y que ellos le hayan dado la gloria no significaba derecho alguno al puesto eterno en el equipo nacional, y que jugarían quienes mejor estuvieran, fueran de 17 o de 35 años.
Esa sentencia la escuchamos en vivo porque fuimos los primeros en dialogar con Scaloni una vez que regresó de ser campeón del mundo. Fue en París, en enero de 2023, en la gala del Balón de Oro, que en esa oportunidad ganaron tantos argentinos en distintos rubros, porque estaba impregnada del máximo torneo jugado un mes antes en tierras asiáticas.
Pero, a veces, el tiempo se encarga de poner las cosas en su lugar. La tan mentada renovación no ocurrió y el equipo argentino, casi cuatro años después, es el mismo en esencia, y sin haber cotejado con rivales que le dieran una noción de realidad. Ni siquiera enfrentó a España por la Finalissima.
Entonces, llegó a la nueva Copa del Mundo norteamericana sin una noción, algo que ya había ocurrido en Catar en el debut ante Arabia Saudita, con derrota y obligación de un cambio que en aquel momento sí se produjo, con los frutos recordados.
Aquellos cambios llegaron en el partido número 2 sobre 7 totales, en el segundo tiempo ante México. Ahora, la selección argentina ya jugó 4 partidos de 8 y llega el momento de la definición y los cambios urgen,
Varios de los jugadores que trajo Scaloni en su lista de 26, ahora vamos comprobando, no estaban para ser convocados, y esto parece tener un precio muy caro. Era hartamente sabido que ni Nahuel Molina ni Gonzalo Montiel estaban para ser titulares por la banda derecha, y que Nicolás Tagliafico no llegaba en las mejores condiciones por la izquierda.
Alexis Mac Allister no tuvo una buena temporada en el Liverpool y, de hecho, bajó a la mitad, o más, en su producción. Qué decir al respecto sobre Thiago Almada en su pobre paso por el Atlético de Madrid, donde, además, no hace la banda, sino que tiende a jugar de interior, o sobre Nicolás González -que se quedó fuera del Mundial 2022 a días de su comienzo por una inoportuna lesión y ahora parece que Scaloni sintió que le tenía que devolver un favor-, que ya no parece sentir la banda, y mucho menos el ataque, porque tampoco juega más allí en el equipo rojiblanco de la capital española-.
Sumado a eso, el mal momento futbolístico de Julián Álvarez, una sombra de lo que fue, sin participación concreta en el ataque, al estar involucrado en una posible salida del Atlético de Madrid para irse, en lo posible, al Barcelona, en una doble equivocación, sea por consejo de su agente, Fernando Hidalgo, o por él mismo: manifestar, en días previos a un Mundial, un deseo que sería, sin dudas, tapa de los principales medios españoles, además, con una selección que es competencia de la argentina para ganar el Mundial. Pero no sólo eso, sino volver a repetirlo durante el Mundial, en lo que fue una clara operación de prensa.
Tampoco Lautaro Martínez encontró, hasta ahora, su punto justo, mientras que Leandro Paredes mantiene su gran precisión en los pases pero proviene de una liga como la argentina con una lentitud aplastante.
Con tanto jugador mencionado con problemas, nada indica que el equipo argentino pueda funcionar como hace cuatro años y por si fuera poco, nunca logró reemplazar el talento de Ángel Di María, quien se retiró delo equipo nacional.
¿Se puede revertir con el plantel existente? No parece fácil y eso plantea un desafío a Scaloni: es el momento de jugarse con cambios que sacudan al equipo: acaso con Ezequiel palacios de lateral volante derecho, Giuliano Simeone como extremo para romper el ultra conservador 4-4-1-1 y pasar a un 3-4-1-2, y hasta adelantando a Nico Paz en vez de Almada para acercarlo a Messi y con dos jugadores más adelantados en ataque.
Sin algún revulsivo, este equipo no parece que esté para grandes cosas porque, además, los planetas todavía no se alinearon. O quizá sí en el calendario, en la llave, pero no en el fútbol, en el juego. Y sin juego, no hay calendario ni rival accesible.
Por Sergio Levinsky




