Cambio ninguno, metamorfosis total

Tras la vibrante remontada de 2-1 ante Alemania, el Ecuador futbolístico se ha vuelto a embriagar con las mieles del triunfo, nada más propicio para un pueblo que como nunca antes se había entusiasmado con su selección nacional, en gran medida azuzado por el espectro mediático, y bien digo, no necesariamente periodístico, pues con la revolución digital de los últimos años, más impacto se puede tener desde el puesto de “influenciador” que el de comunicador social en el estricto sentido de la palabra, donde la ética y la responsabilidad ulterior son consustanciales en cada cosa que se haga, indistintamente de que eso le reste aceptación y lo que es peor, atención, porque puede parecer aburrido al no tener la dosis de exitismo que tanto “vende”.

Quizás ahí estuvo la causa de la profunda decepción que atormentó a los ecuatorianos por semana y media, al constatar que nuestra denominada “mejor generación de la historia” era susceptible a la derrota frente a Costa de Marfil, al margen de lo injusta que haya sido, olvidando que los marfileños están a la par de nosotros, y volviendo a tropezar casi con la misma piedra de Catar 2022, cuando nos eliminó Senegal; y luego devendría algo peor, sentirnos estigmatizados por el empate frente a la minúscula -y solo me refiero a su extensión territorial- Curazao, ignorando que en la historia de los Mundiales no es la primera vez que sucede algo así, siendo menester explicar que cada selección se va a jugar lo suyo, y así como los grandes van por el título, existen otros que van con la misión de obtener aunque sea: un triunfo o un punto o un gol.

Hacernos creer entre nosotros mismos que éramos plenamente superiores a africanos y caribeños -así no se lo diga o reconozca-, nos significó una carga demasiado pesada que no supimos llevar, dejándonos en evidencia no solo en la cancha, sino también en el mundo mediático donde los mismos que ponderaron hasta el endiosamiento a los hombres de la “Tri” empezaron a defenestrarlos, dedicando la mayor parte de su artillería para descabezar al seleccionador Sebastián Beccacece, queriendo encarnar en él un fracaso de “vergüenza”, palabrita que estuvo de moda hasta el cansancio.

Y aunque parezca mentira lo netamente futbolístico no se ha tocado, ¿por qué? porque en ese rubro no había mayor cosa que alterar, nada en lo absoluto, cómo si todo estuviera bien y de hecho así era, salvo por esa variable a veces aleatoria, llamada resultado y que con cierta frecuencia es ajena a lo visto en la cancha, sí, exactamente cual lo sufrido al inicio por el combinado ecuatoriano que con sus argumentos, entiéndase nombres, módulo y actitud, buscó y procuró más la victoria, que le fue tan esquiva al punto de convertirse en una cruel derrota. A renglón seguido, de nuevo casi lo mismo, como correspondía, variando un par de nombres y el esquema, porque el rival así lo demandaba, pero otra vez la pelota no entró, lo intentado fue tanto que convertimos al portero curazoleño en hombre récord de atajadas en los Mundiales.

Pero justo ahí con perfil bajo y fidelidad a sus convicciones -haciéndome recordar al mismísimo Leonel Scaloni, quien con resistencia estoica soportó de todo y más en su país, trabajando en silencio hasta ser campeón del mundo- se mantuvo el vilipendiado Beccacece, enervando la indignación y agudizando el despecho de muchos, al confirmar el mismo equipo del fallido debut, salvo un hombre, Nilson Angulo, abridor, debido a un problema físico de Alan Minda. Sin temblarle el pulso, respetó su idea y a sus jugadores, desoyendo a los de afuera, remando contracorriente y poniendo en escena lo mismo que tanto han ensayado, lo que mejor saben, jugando a la de ellos. Y bien por el estratega y bien por sus dirigidos, que como pocas veces hicieron cumplir la frase: “se salieron con la suya”, en la que creían, con la que alcanzaron tantos éxitos, al punto de marearnos hasta dejar de pisar la tierra.

Igual a lo propuesto hubo que sumarle temple, ni más ni menos que ante los alemanes -expertos en ese factor-, y que en medio de nuestras urgencias nos marcaron un gol de camerino, de paso muy cuestionable porque hubo una jugada peligrosa no sancionada previamente. A partir de ahí lo demás fue la muestra de un equipo restaurado desde adentro por sus creencias, que se dedicó a jugar y punto, convirtiendo dos goles que han puesto a delirar a un país y hacer que nuevamente el orbe futbolero hable de ellos. Y así, en medio de la algarabía y con la satisfacción del deber cumplido, ahora sí congruente con el resultado, llegó otro partido, uno que muchos no vieron y que se lo jugó aparte el hombre más impopular de los últimos días en Ecuador, “B-K-CH-C”, que llegado el momento del triunfo no despotricó contra nadie, ni se arrogó ningún mérito, simplemente explicó con una tranquilidad digna de emular las cosas que entiende tenemos que mejorar o corregir. Sin revanchismos ni altisonancias, optó: por pedir disculpas, por agradecer y por edificar, recurriendo a palabras como: respeto, familia, unidad, convicción, legado o esfuerzo; y citando verbos como: creer, enamorar y sentir.

Finalmente, y a propósito, con seguridad este hombre algo tuvo que ver en la metamorfosis total que mostró el equipo, y fue no cambiar prácticamente nada, manteniéndose fiel a su ideología, una suerte de lealtad cada vez más difícil de hallar en estos tiempos de inmediatez y superficialidad. A no dudarlo, en ambos encuentros el DT salió airoso sustentado en una inteligencia emocional que ya muchos quisiéramos tener.

Por Carlos Ramón Loor

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *