Colombia y la vuelta del fútbol perdido

El tan esperado partido contra Portugal, el marcado en todos los calendarios desde el sorteo de diciembre de 2025, el de la reventa por las nubes, el de mayor demanda de entradas, el del escenario que encendía alarmas por los desmanes en la final de Copa América 2024, finalmente llegó y pasó. Pero no de cualquier manera. En el mismo estadio donde empezó el declive futbolero de Colombia en el ciclo Lorenzo, aquella noche de los desmanes, la Selección presentó credenciales, hizo una actuación sólida y ganó el grupo K ante un rival de fuelle, candidato a ser campeón mundial. Fue empate sin goles, pero de un espléndido nivel, con mucho fútbol de parte de ambos equipos, jugadores destacados, situaciones en los arcos y en el que Colombia mereció algo más que el punto obtenido.

Como se preveía, por todos los antecedentes desde el sorteo, fue un partido jugado con casa llena, en la que un 80% o más, eran compatriotas entre residentes y visitantes, con lo que por tercera vez hubo marco de lujo, ahora en Miami y dada la organización, sin hechos que lamentar.

Colombia arrancó con la sorpresiva ausencia de Muñoz en la alineación titular, otra coincidencia con aquella final de 2024. Su reemplazo, Santiago Arias hizo lo que pudo, con nota aprobada. Pero al entrar Muñoz sobre a minutos del final, mostró la diferencia de nivel entre ambos, sobre todo en la fase ofensiva. El resto de la alineación fue un equipo previsible, excepto Machado en sustitución de Mojica y con Puerta consolidado en el medio y con Córdoba de titular en el ataque. Colombia arrancó muy bien, buscando el partido, sin caer en el error de esperar al rival y empezó a dominar el juego. Hasta la bendita «pausa de hidratación», ese desatino comercial creado en este torneo, la cual volvió a frenar al equipo. Vino la única laguna del equipo en el partido, con minutos de desconexión y en ese momento vino la mejor llegada lusa y una atajada clave de Vargas a Bruno Fernandes, jugada determinante. Tras el susto, Colombia mejoro y el primer tiempo fue historia, con el marcador en blanco.

El segundo periodo arrancó con dominio nacional, algo que no cambiaría en los 45 minutos sucesivos. Portugal, con un CR7 desconectado de los creadores, solamente tuvo algunas ráfagas de Rafael Leao, sobre todo al final del encuentro. Colombia estuvo atento en todo momento y en todo el campo. Fue un partido sobresaliente de Davinson Sánchez y Machado en la zaga, de Puerta y Jhon Arias en el medio. No se puede decir lo mismo de Lerma y Lucho Díaz, ambos esta vez por debajo de su nivel. James Rodríguez salió al minuto 76, tras estar mejor que en los anteriores partidos, con rendimiento y tiempo en campo cada vez mayor, pero aún lejos del jugador que fue en el verano de 2024. En su reemplazo entró Quintero y la diferencia en movilidad fue notable, con un gran partido para el jugador de River Plate. Y por encima de todo ello, hubo un gran planteamiento de Lorenzo, desarmando los circuitos a Portugal (equipo curiosamente afectado por la humedad del sur de Florida), siempre buscando el gol, copando los espacios y haciendo

méritos para llevarse los tres puntos al final del partido. Lo que estuvo cerca de lograrse, pues a los 91, Davinson marcó de cabeza, gol anulado tras revisión poco convincente del VAR tras un adelantamiento mínimo de “una uña” al revisar las líneas. Cosas del futbol de hoy. Seguramente en el imaginario colombiano pasará a ser conocido como “Fue gol de Sánchez” a la par de aquel “Fue gol de Yepes” de 2014, pero éste de 2026 con muchos más argumentos. No hubo tiempo para más y fue empate a ceros en Miami. La decisión del final no alteró la tabla, pero le hubiese dado justicia a lo visto en el verde césped.

Colombia como en Brasil 2014 y Rusia 2018, en tiempos de Pekerman, fue primera de grupo y aquella quimera inicial que parecía imposible por el futbol jugado antes del Mundial, se ha logrado. Este primer lugar hace que el camino sea más manejable que por otras rutas y es algo muy valioso. Pero es más importante saber que el fútbol perdido hace dos años ha vuelto. Este empate a ceros es un gran paso para volver a la senda de entonces, la del “camino correcto”, como dijera Scaloni en la rueda de prensa de la final de 2024, en aquel juego que partió en dos este ciclo de Lorenzo.

La segunda ronda está a la vuelta de la esquina. Colombia superó con creces la prueba de Martínez y su banda, siendo más que ellos en 90 minutos intensos y de alto vuelo. Ahora, en Kansas City espera Ghana, equipo fuerte y físico que complicó a Inglaterra y dirigido por un viejo zorro como Carlos Queiroz, quien tiene una factura por cobrar por su paso por Colombia, terminado abruptamente una tarde de 2020 en Quito, tras un inicio prometedor. Si ese fútbol perdido ha regresado a Colombia y si el equipo sigue enfocado en llegar a más de cinco partidos, es probable que esa cuenta pendiente del portugués no sea saldada en julio de 2026. En unos cuantos días lo sabremos.

Por Germán Ocampo

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