El fútbol pasó factura. Haaland cierra un ciclo de errores

En los textos anteriores, escribí en este espacio que Brasil crecía en rendimiento en la Copa del Mundo. De hecho, hubo cierta evolución desde el debut ante Marruecos, con victorias categóricas sobre Haití y Escocia y un triunfo dramático contra Japón. Pero había un límite, que en cualquier momento surgiría. Y ese límite una vez más ocurrió en el quinto partido y para una selección europea, como fue en 2006 (Francia), 2010 (Holanda), 2018 (Bélgica) y 2022 (Croacia).
El verdugo de esta vez es Noruega, adversario que jamás fue derrotado por los brasileños en la historia. Son ahora dos empates y tres victorias de los nórdicos. Y dos de esos triunfos fueron en Copas del Mundo, ambos por 2 a 1. El primero, en Marsella, por la fase de grupos de 1998. El segundo… Bueno, hablemos de él. En este 5 de julio de 2026, a exactamente 44 años de lo que solemos llamar la Tragedia de Sarriá, la derrota dramática del espectacular equipo de Telê Santana ─ con astros como Leandro, Júnior, Cerezo, Falcão, Sócrates y Zico ─ ante Italia por 3 a 2, en la tarde de la redención de Paolo Rossi, que eliminó a los canarinhos del Mundial de 1982, en la española Barcelona. El escenario de ese aciago cumpleaños fue el Metlafife Stadium, en East Rutherford, Nueva Jersey. En el otro lado del campo estuvo la fuerte Noruega, que vive su mejor momento en el fútbol, con dos jugadores de alto nivel: el mediocampista Odegaard y el delantero Haaland. Más que la diferencia entre los equipos había un enfrentamiento de procesos. Y, en él, se encuentra la clave de esta nueva caída brasileña en un quinto juego de Copa.
Porque el ciclo que se cerró con dos goles del increíble Haaland ─ ya son siete en la competición ─ fue una sucesión de errores iniciada luego de la eliminación en el Mundial de Qatar, en 2022. Desde entonces, la CBF ya cambió de mando, de manera poco pacífica, como fue el reemplazo, un año antes, de Rogério Caboclo, bajo la acusación de acoso sexual a una funcionaria. Su sustituto, Ednaldo Rodrigues, también fue destronado del cargo, en 2025, acusado de corrupción. El actual comandante, Samir Xaud, enfrenta un rumoroso caso de infidelidad, por haber llevado al mismo tiempo a la Copa ─ para ciudades distintas, por supuesto ─ a la esposa y a la amante. En medio de esos bastidores agitados, cuatro entrenadores dirigirán la Selección de Brasil en este ciclo. El primero, interino, fue Ramón Menezes, que fracasó. Surgió entonces la intención de recurrir a Carlo Ancelotti, pero el italiano aún tenía contrato con el Real Madrid. Fernando Diniz fue elegido provisionalmente por Ednaldo, mientras permanecía en el mando de Fluminense. Los malos resultados le costarán el cargo en la CBF. Dorival Júnior, el sustituto, tampoco tuvo éxito. Y cayó tras la aplastante derrota por 4 a 1 contra Argentina, en las Eliminatorias. Recién instalado en la presidencia, Xaud contrató finalmente a Ancelotti, libre del contrato con el Real.
El Míster heredó, por tanto, tierra arrasada. E tuvo un año para coñocer el futbol brasileño y sus campeonatos. Con poco tiempo, quemó etapas, limitó sus opciones e hizo del pragmatismo su estrategia para el Mundial de 2026. Pero, no que fue su gran error, sucumbió a la presión general por la convocación de Neymar, que fue un crack, de eso no se puede dudar, pero hace cuatro años no logra competir en alto nivel.
La factura, así, acaba de ser pasada por el futbol. La organización del equipo noruego habló más alto. Con más de 70% de pose del balón, tuvo la paciencia para esperar un error brasileño. El primero error fue el penal sufrido por Matheus Cunha, que el árbitro no asimiló en el campo e tuvo que conferir en la cabina del VAR para marcarlo. Bruno Guimarães, uno de los aciertos de Ancelotti, cobro mal, para defensa de Nyland. Curiosamente, el óptimo portero se encuentra libre en el mercado, tras cerrar su contrato con el Sevilla.
Por la cuarta vez, un jugador de Brasil falla un penal durante un partido en la historia de las Copas. Waldemar de Brito (futuro descubridor de Pelé) desperdició en la derrota para España en 1934. Patesko hizo lo mismo en la victoria sobre Suecia en la decisión del tercer puesto en 1938. Y Zico no fue feliz en su cobranza ante el francés Bats en los cuartos de 1986 ─ en la decisión por tiros libres que eliminó a su equipo, convirtió su cobranza. El segundo error en esta escalada brasileña en 2026 fue la clara oportunidad desperdiciada por Endrick, libre ante Nyland, ya en la segunda mitad del juego. Y el tercero, ahí sí en la cuenta de Ancelotti, fue la entrada de Neymar, que debilitó la marcación y permitió a Haaland, por fin, encontrar dos veces los espacios que necesitaba. Uno al anticiparse a
Gabriel Magalhães y hacer de cabeza el primer gol. El otro al finalizar con precisión desde la entrada del área. Minimalista, él tiene un absurdo índice de aprovechamiento, todos lo sabían.
El solitario gol de Neymar, en una nueva ejecución de penalti, fue una especie de canto del cisne del veterano jugador. Su noveno gol en Copas del Mundo, igualándose, en el caso de brasileños, a Ademir Menezes (goleador de la edición de 1950), Vavá (bicampeón en 1958 y 1962) y Jairzinho (campeón en 1970). La Copa de 2026 ya es pasado para la única selección cinco veces campeona mundial. El ayuno de conquistas se elevará a 28 años, un récord negativo. Y el trabajo de Ancelotti, con contrato renovado para este ciclo que empieza ahora, puede dar mejores frutos. Ciertamente, un amplio proceso de renovación será puesto en práctica, con la despedida de jugadores como Alisson, Danilo, Marquinhos, Alex Sandro, Casemiro y, sobre todo, Neymar. Y que el Míster encuentre laterales competentes y aproveche bien a los jóvenes que surgen, mezclados con algunos pocos remanentes de hoy. El melancólico adiós en la Copa aún en disputa fue el fin de un ciclo lleno de errores. En los bastidores y, como consecuencia, en el campo. El fútbol pasó la factura. Y Haaland no perdonó.
Por Claudio Arreguy




