El Mundial toma color

Mientras Estados Unidos sigue en guerra con Irán, la pelota de fútbol sigue rodando y a medida que el Mundial avanza, pocos ya recuerdan los conflictos externos, impactados con algunos resultados y con el nivel de paridad que va apareciendo en muchos casos.

Las eliminaciones de Alemania, a manos de Paraguay, y de Países Bajos, contra Marruecos, son una clara demostración de que ahora, pocos partidos son accesibles y que para ganar hay que tener, o bien una amplia diferencia técnica, o bien carácter para sobreponerse a las adversidades, o bien estado físico para resistir, acaso, 120 minutos y los penales desde la instancia de dieciseisavos.

El caso de Alemania resulta particular porque había obtenido, no sin esfuerzo ante Costa de Marfil, los primeros seis puntos en su grupo, lo que le daba una ventaja para el tercer y último partido ante Ecuador, en el que se podía dar el lujo de colocar suplentes para darles descanso a los titulares, pero en una medida que cada día se entiende menos, su joven entrenador, Jules Nagelsman, decidió poner lo mejor que tenía ante los sudamericanos al punto de que recurrió para el arco al veterano Manuel Neuer, quien se había retirado de la selección nacional y tuvo que regresar por la operación de Marc ter Stegen.

El resultado no pudo ser peor: Alemania fue derrotada 2-1 por Ecuador y este resultado, parece, afectó psicológicamente a un plantel que ya no se sintió tan sólido y que tuvo que remar desde abajo ante Paraguay para poder empatarlo y llegar a los penales, aunque fuera dominadora de gran parte de las escenas.

Está claro que el equipo alemán es más futuro que presente: no llegó a estar a punto su gran estrella joven, Musiala, se lesionó poco antes del torneo una figura emergente como Lennart Karl y cuenta con otros nombres como Manuel Wirtz o Jonathan Tah. Es muy probable que su momento sea en 2030, pero no deja de ser preocupante que ya vayan tres mundiales sin protagonismo, y tampoco en Eurocopas.

Países Bajos era sindicado por muchos como uno de los posibles grandes animadores de este Mundial. Plantel, tiene de sobra, y en especial del medio hacia adelante, pero por distintas razones de inconstancia, no acabó de funcionar ni de dar una respuesta sólida como equipo. Así es que no pudo vencer a Japón, aunque estuvo dos veces arriba en el marcador, se

durmió contra Túnez, cuando estaba para golear, y en cambio sí goleó a Suecia sin piedad. Contra Marruecos sí ganaba durante buena parte del segundo tiempo pero como ante Japón, los africanos le empataron sobre la hora y luego, llegó la fatalidad de los penales, una especialidad de la casa “Orange”, para una despedida prematura y traumática aunque no deberían llamarse a engaño: tener una delantera potente de poso sirve si el mediocampo y la defensa son lentos y se transporta demasiado la pelota, algo que ya le venía ocurriendo en Qatar 2022.

Por el lado de Marruecos, una ratificación de su presente: semifinalista en el Mundial pasado tras eliminar a España en los octavos de final, nunca una selección de su continente había llegado tan lejos, sumado al título mundial sub-20 ante Argentina y una final de la Copa África perdida ante Senegal con mucha polémica.

Entre las selecciones históricas que se fueron pronto de este Mundial hay que agregar a la uruguaya, con un magro saldo de dos puntos y un frente quebrado por un entrenador como Marcelo Bielsa que nunca conectó con los jugadores y que produjo un sisma. Los que lo defienden siempre sostienen que no se toleró que quisiera cambiar un estilo de tantos años para pasar a un fútbol de ataque, pero el gran debate filosófico-futbolero es si un entrenador debe venir a cambiar el librito por el suyo, sin importar qué equipo dirige, o si un gran técnico no es el que termina generando lo mejor de acuerdo con el material con que cuenta, y a fuer de ser sinceros, este equipo celeste reunió mucho menos talento que otros anteriores, aunque también es verdad que le faltó nada menos que Georgian de Arrascaeta, su creativo principal.

De todos modos, el final del partido ante España, con las protestas y las sensaciones de injusticia parecen una continuidad de lo ocurrido en Qatar 2022, y cuando las historias se reiteran es porque algo falla en lo estructural. Será cuestión de revisar interiormente qué sucede y no seguir engañándose con un discurso glorioso que lleva 76 años sin títulos mundiales y casi cuarenta sin que sus equipos ganen una sola Copa Libertadores.

Por Sergio Levinsky

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *