España avanza con un poco de azar, pero no es la original

Desde lo formal, desde la estadística, hay poco que decir. La selección española es la actual campeona de Europa, la vigente campeona olímpica, la última finalista de la Liga de las Naciones, en la que apenas cayó por penales, y ahora avanzó a la semifinal del Mundial al vencer a Bélgica 2-1, y, sin embargo, no se podría afirmar que este equipo se parece al origibnal, que llegó a ser tan elogiado.

Es extraño que esto ocurra, pero en este Mundial, tras haber jugado seis de los ocho partidos posibles, salvo contra arabia Saudita, un rival menor, el equipo español tuvo momentos de buen trato de pelota, de cierto orden, pero no de brillantez. Es más, casi no hay demasiadas críticas individuales para hacerle, pero se encuentra lejos de su mejor rendimiento.

Contra Bélgica, cuando la exigencia aumentó un poco (nada más que eso, un poco), mantuvo el tipo, lo que significa continuar con posesiones largas, con cierta seguridad en el toque y cada uno cumpliendo formalmente su rol, pero con muy escasa profundidad. Tanto, que esta vez ni siquiera su inteligente goleador, Mikel Oyarzábal, tuvo más de una chance, y remota, para convertir.

España es hoy un equipo que no saca tanto partido de tener la pelota, aunque la tenga mucho, acaso porque Pedri no está en su nivel y, de hecho, perdió su lugar ante Fabián Ruiz, Rodri tampoco es el que fue antes de la larga lesión, aunque esté volviendo y ejerza suficiente influencia en el medio, y arriba, el entrenador Luis de la Fuente nunca pudo contar con su delantera completa, la que imaginó para este torneo, con Lamine Yamal y Nico Williams en plenitud. El delantero del Barcelona no logró destacarse, en parte por su inmadurez y en parte, porque llegó tocado, mientras que su amigo vasco, extremo izquierdo, apenas si puede jugar unos pocos minutos, ingresando ante Bélgica cuando quedaban apenas 12, seguramente con la idea de afrontar el alargue.

Pero el partido contra Bélgica se terminó complicando demasiado. De haberse jugado hace un año o dos, seguramente España lo habría solventado con cierta facilidad, pero no fue así en el Mundial y esto ya dice demasiado. Los rojos (esta vez de blanco) se pararon con firmeza y Chaerles de Katelaere, su jugador en mejor forma, aprovechó un buen centro para empatar con un cabezazo, quebrando cinco partidos y casi medio de invencibilidad de Unai Simón, probando de esta forma que el arquero de Athletic de Bilbao cumplía más con la estadística que con sus actuaciones en el campo de juego, en un partido que lo mostró particularmente inseguro.

Pero el azar también juega su partido. Como bien lo demuestra la gran película “Match Point” de Woody Allen, en la vida (no sólo en el deporte), la pelotita puede pegar en el fleje y picar en campo rival o quedarse en el propio, y cuando parecía que esta vez España no podría y debería ir al alargue, ocurrió algo inesperado en el minuto 70: Thibaut Courtois, uno de los tres mejores (sino el mejor) arqueros del mundo, se lesionó en una de sus estiradas y cuando parecía que sólo necesitaría una corta asistencia médica para reponerse, tuvo que pedir el cambio, saliendo entre lágrimas.

No era, en absoluto, una salida más. Courtois, arquero del Real Madrid, conoce de memoria a sus rivales porque a la gran mayoría los enfrenta cada domingo o los enfrentó hace poco tiempo, y era consciente de que se trataba de un partido para lucirse y por otra parte, no es lo mismo salir a jugar ante un rival generalmente superior sabiendo que en caso de prologarse el empate, en los penales estará Courtois, que si no lo está.

Lo cierto es que a Bélgica, ese cambio de Lammens por Courtois le cambió la ecuación y que desde entonces ya jugó con menos seguridad, y si además, el entrenador Rudy García hace ingresar al veterano Witsel (hoy ya no volante sino marcador central por un Kevin De Bruyne que volvió a decepcionar y a pedir el cambio por su milésima lesión en un partido importante), el mensaje a los suyos fue claro: hay que atrasarse y cuidar el empate.

España olfateó sangre y se fue con todo, con una Bélgica cada vez más atrás, hasta que llegó el gol de Mikel merino a dos minutos del final, cuando aprovechó un rebote (que probablemente con Courtois no habría ocurrido) que cedió Lammens ante un remate desde el borde del área de Pau Cubarsí.

No se puede decir que España no haya merecido pasar, pero sin la lesión de Courtois, otro habría sido el partido, aunque bien un lector de este artículo podría responder que si su tía hubiera tenido ruedas habría sido un autobús.

La realidad es que España avanzó a semifinales, es candidata a ganar el Mundial, tiene motivos para creerlo, pero no nos engaña: no es la que era, si bien está a tiempo, aunque corto, para reivindicarse desde el juego. Espera nada menos que Francia, y acaso eso ya amerite otra concentración.

Por Sergio Levinsky

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