La noche inolvidable

Sufrir está en el ADN del futbolero paraguayo, ¿pero teníamos que sufrir tanto? Pareciera ser que sí porque ese es nuestro destino a la hora de escribir capítulos nuevos de historia pura, como lo ocurrido en Boston el lunes 29 de junio.
Vaya casualidad del destino, apenas comenzaba el día, recordábamos que también un día como ese conseguimos eliminar a Japón y pasar por primera vez a cuartos de final de un Mundial (En Sudáfrica 2010, hasta aquí la mejor participación de Paraguay en Mundiales).
En la memoria del futbolero empedernido o de aquel que sólo ve este deporte cada cuatro años o cuando a su equipo le va bien en el nivel local o internacional, quedaba el recuerdo de una mañana inolvidable para todos los paraguayos. “Tacuara” Cardozo, por entonces goleador del Benfica, caminó casi 50 metros para patear el penal más importante de la historia de la Albirroja. Anotó y desató el festejo de todo un pueblo. Pareciera que fue ayer, pero en realidad es fue la última gran alegría conseguida por la Selección de Paraguay en un Mundial. Fueron tres ausencias consecutivas y dolorosas, o como ya lo repitió Gustavo Alfaro varias veces: «Hace 16 años que Paraguay no va a un Mundial». Fueron años de muchas frustraciones hasta volver a codearnos con las grandes potencias.
Misma fecha, partido de eliminación directa y un rival superior por historia, jerarquía y hasta por valoración de plantel. Sí, el escenario favorito para todo equipo paraguayo. Construir la hazaña desde la adversidad era la misión de los dirigidos por Alfaro y jugar un partido largo, como si fuera una noche de Copa, era el único camino probablemente.
El DT fue muy criticado por sus últimas conferencias: post partido ante Australia (dijo, por ejemplo, que dos jugadores de Turquía valen más que todo el plantel de Paraguay, y tiró mensajes de conformismo ante lo que estábamos viviendo) y pre partido ante Alemania (habló de cualquier cosa menos de fútbol. Hasta respondió a las críticas de José Luis Chilavert cuando ni siquiera fue consultado por eso). Como parte de todo esto dejó mensajes ambiguos y hasta incoherentes (esa sensación nos dio) con respecto a su continuidad y hasta permitió pensar que estaba más preocupado por las críticas que comenzaba a recibir (hasta antes del Mundial era casi un Dios para una parte importante de la población paraguaya) que por encarar esta auténtica final para Paraguay. Hoy, con el diario del lunes, hasta podemos pensar que el entrenador intencionalmente buscó que la prensa y las redes sociales lo hostiguen a él y desvíen todo lo relacionado al partido en sí para llegar tranquilos a un desafío complejo.
Paraguay llegó con dudas después de un pobre empate contra Australia y hasta conseguir el probable equipo era un desafío para los periodistas. Se manejó casi como un secreto de Estado y sólo horas antes del comienzo del partido se supo con precisión quiénes serían los iniciales.
El partido en cuanto a su trámite fue previsible. Alemania tuvo mayor posesión, Paraguay apostó a ordenarse atrás y buscar alguna situación puntual. El gol de Paraguay, hay que decirlo repetidamente, no fue sólo producto de la «Garra Guaraní». Recuperación para evitar un contragolpe del rival, manejo de pelota buscando lanzar al área, ahí estaba Julio Enciso, que desmarcado, y de cabeza adelantó a la Albirroja. Havertz, en el comienzo del segundo tiempo, lo igualó. Lamentablemente, anticipó de manera correcta a Canale, quien luego tuvo su tarde soñada y consagratoria.
Alfaro hizo cambios, pero el mensaje siempre fue el mismo: aguantar atrás y buscar alguna patriada que evitara los penales. Por sobre todo reforzó la zona defensiva ante la insistencia del rival que no cambió mucho de libreto. Llenó de centros al área paraguaya. Ya en el alargue, Alemania convirtió un gol que fue anulado vía VAR. Al ver el festejo, la continuidad mundialista parecía esfumarse. Por cómo se presentaba el partido era difícil pensar en un gol de parte de Paraguay. La decisión devolvió el alma al cuerpo a todo futbolero paraguayo o que apoyó a nuestra Selección (vía redes sociales se notó un masivo respaldo de parte de ciudadanos de este continente). Era esperar el final y llegar a penales. Era lo que queríamos contra Francia en 1998 o contra la misma Alemania en el 2002. Tampoco es fácil aguantar 120 minutos y mucho menos, tener efectividad en definición por penales.
En la tanda, Orlando Gill se hizo figura al desviar los tiros de Havertz y Woltemade. Todo venía a pedir de boca hasta que Tony Sanabria y Fabián Balbuena fallaron sus respectivos penales. Ambos patearon sabiendo que si convertían todo terminaba. Pero algún perverso guionista quiso que el sufrimiento sea mayor, exprimirnos al máximo en ese rubro. Llegamos hasta una sexta serie en la que sí se terminó definiendo todo. El remate de Tah fue por encima del travesaño y José Canale fue el “Tacuara” Cardozo del 2010. Un premio a su perseverancia. Nunca pudo afianzarse en el fútbol paraguayo, hizo carrera afuera, siempre la remó de atrás, hasta para quedar en esta lista final en la que fue uno de los últimos confirmados, comenzó como suplente en esta cita mundialista y terminó reemplazando por lesión a Omar Alderete. Se animó a patear el sexto penal y no defraudó.
Gill terminó siendo elegido como la figura del partido por la FIFA y con méritos, no sólo por los penales desviados. Esta vez sí mostró seguridad desde el comienzo y fue la voz de mando que Paraguay necesitaba (una de las cuestiones objetadas por Chilavert días atrás).
Haber eliminado a Alemania fue uno de los logros más significativos de la historia de la Selección Paraguaya en Mundiales. Siempre jugábamos y perdíamos dignamente. Esta vez, no. Competimos, aguantamos e hicimos historia.
El siguiente rival será Francia. Decir que nuevamente no somos favoritos no es nada nuevo, pero a partir de ahora será así y es el escenario ideal para Paraguay. La adversidad nos exige y nos motiva a la vez. Qué Francia tenga la pelota y que Paraguay siga haciendo historia…
Por Federico Villalba




