¿Por qué el mejor futbolista del mundo juega en la MLS?

Miami, Florida

¿Por qué el mejor futbolista del mundo sigue jugando al más alto nivel en una liga tantas veces menospreciada? En Kansas City, en el corazón palpitante de los Estados Unidos, esa pregunta encontró su respuesta definitiva.

Con la selección argentina, Lionel Messi anotó un hat-trick magistral contra Argelia. A los 38 años —y a solo a días de cumplir 39 este 24 de junio—, demostró que, tras tres temporadas en la MLS, sigue reinando en la cúspide del fútbol mundial. Con esta actuación, el astro argentino igualó el récord histórico de Miroslav Klose con 16 goles en Copas del Mundo, anotando además el primer triplete de su carrera en 20 años de trayectoria mundialista.

En el majestuoso Arrowhead Stadium, bajo el cielo del Midwest, quedó una certeza absoluta: la MLS no es lo que muchos perciben. Es, simplemente, el lugar donde el mejor del mundo sigue siendo el mejor.

Los números lo confirman. Según Opta, la MLS ocupa la 14ª posición entre las mejores ligas del planeta en 2026. Opta mide la fortaleza promedio de todos los equipos en cada liga, evaluando su desempeño a través de métricas avanzadas y la profundidad competitiva general.

La liga comenzó en 1996 con solo 10 franquicias; hoy cuenta con 30. Los clubes suman un valor combinado de 23 mil millones de dólares (un promedio de 767 millones por equipo).

El Inter Miami, impulsado por el ’10’, se alza como el club más valioso con 1,45 mil millones de dólares, transformando la percepción global del torneo.

Desde su llegada en julio de 2023, Messi ha transformado la infraestructura de la ciudad. El 4 de abril de 2026, Inter Miami inauguró el Nu Stadium, su nuevo hogar en Miami Freedom Park. Este complejo abarca 131 acres, incluyendo un parque público de 58 acres. El estadio costó $350 millones.

Las zonas comerciales y gastronómicas alrededor del estadio han generado miles de empleos directos e indirectos para la comunidad.

La llegada de Messi ha convertido a Miami en un destino deportivo global. Cuando asistí a un partido durante su primer año, conocí a una familia que había viajado 13.600 kilómetros desde Sydney, Australia. Recorrieron el planeta con una misión: ver a Lionel Messi en directo. En sus propias palabras, querían tener esa oportunidad única de vivirlo. Historias como esta se multiplican en cada partido, con fanáticos de todos los rincones del mundo que llegan a Miami atraídos por su presencia.

Los suscriptores de MLS Season Pass en Apple TV se han casi triplicado desde la llegada de Messi, y la audiencia hispanohablante en MLS Season Pass ha superado el 50% para sus partidos. Miami se ha convertido en un destino deportivo global que atrae inversión internacional.

Pero queda la pregunta inevitable: ¿qué sucederá con Miami cuando Messi se retire o se vaya del club? ¿Será su legado suficiente para mantener el momentum que ha generado, o depende demasiado de su presencia? La respuesta determinará si la MLS logró realmente transformarse en una liga competitiva de nivel mundial, o si simplemente vivió el fenómeno Messi.

La sólida estructura de la MLS se refleja en la selección de Estados Unidos. En la reciente victoria 4-1 sobre Paraguay —una diferencia de jerarquía que plasmó en cancha la brecha de 23 puestos en el Ranking FIFA (EE. UU. 17° vs. Paraguay 40°)— quedó en evidencia el peso de los procesos. Figuras de la talla de Pulisic, McKennie, Adams y Pepi se formaron en esta liga. De hecho, de los 26 convocados estadounidenses para esta Copa del Mundo, 8 militan en la MLS y 17 en el fútbol europeo. El efecto formativo es innegable.

¿Qué le falta a Estados Unidos para que el fútbol termine de arraigarse en su cultura? Un título de máxima envergadura en la rama masculina. El fútbol femenino ya descifró la fórmula ganando cuatro Copas del Mundo, transformando la óptica de toda una nación (un fenómeno similar al que vivió Japón en su momento tras su campeonato mundial femenino).

Estados Unidos posee la estructura, los estadios y los recursos. Messi ya validó la liga, el proyecto está dando dividendos en el presente y promete aún más para el futuro. Los jugadores formados en casa están ganando. Ahora le toca al gigante de la Concacaf escribir su propia historia.

Por Johani Ponce

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