Un cambio de reglamentación

Dame un segundito Alfio, me parece que el árbitro está recibiendo un mensaje del VAR. Decime, Tano, qué dicen en la zona de los bancos.

Nada, Lilio. Están expectantes. Ambos bancos. El técnico malayo mira a los médicos que entraron a atender al 10 luego de una entrada que, desde aquí, pareció intrascendente; pero la forma en que cayó, rodó y gritó – desgarrador, como si lo hubiesen abierto en canal -, hizo creer lo peor. Pero ya se lo ve de pie, pisando de esa forma histriónica, casi elefantiásica, del que prueba el equilibrio, la gravedad y la estructura corporal.

Si, gracias, tano, ¿pero escuchás algo del cuarto árbitro?

No, está mirando con el mismo desconocimiento que nosot…

Esperá, Tano, me están diciendo que el Var a derivado el caso al centro de análisis; lo que estarían mirando, entonces, no es si hubo falta del 4 de Nepal o no, sino el grado de lesión – o su ausencia total -, y la hiperbólica caída.

Lilio… Lilio…

Sí, Julito, decime.

Estoy en las inmediaciones del centro de análisis en el edificio anexo del estadio. Un portavoz acaba de decir que están efectivamente analizando la posible teatrealización de una lesión y, de existir tal hecho, también están evaluando la pena a aplicar.

Gracias, Julito, importante lo que contás. Si efectivamente se dice el caso, ¿cuál podría ser la sanción?

Mirán, Lilio, desde el cambio de reglamentación, con la finalidad de que el juego sea más fluido, de evitar el engorroso espectáculo de malos intérpretes del dolor, si ciertamente se llega a la conclusión de que no hubo falta, o de que esta no pudo provocar tal reacción – ya sabemos, Lilio, querida audiencia, lo que acción y reacción -, entonces pasan a analizar el tipo de lesión que debería tener dada la caída impostada, el revuelco y todo el componente gestual y vocal. Lo hacen, recordemos, por medio de la inteligencia artificial, y un equipo de expertos analistas compuesto por un físico, un ingeniero de materiales, un médico traumatólogo, un profesor de mímica y un doble de acciones de riesgo.

Bárbaro, Julito, siempre tan claro y conocedor. Ahora, decime…

Lilio, el árbitro se dirige a la cabina de comunicación aislada con el centro de análisis.

Gracias, Tano. Podemos decir casi con seguridad que se está dando la situación B, por decirlo así; esto es, que se está analizando la teatralización.

Efectivamente, Lilio.

¿Alguna novedad en el anexo, Julito?

Nada, Lilio. Ahora todo va a pasar entre el centro y el árbitro. Una vez que lo llaman, se cierran las puertas, el vocero del centro ya ingresó al mismo, y se han tintado los vidrios, de manera que el aislamiento del centro es total: visual, físico, auditivo.

Te cuento Lilio que acá, en la el rectángulo de juego, los vidrios de la cabina también se han aislado. Ha comenzado el cónclave.

Julito, ¿cuánto puede tardar el trámite? Como para que nuestra audiencia sepa si puede ir al baño o a buscar una cervecita a la heladera – o, quién te dice, hacerse una picadita y todo.

Mirá, Lilio, normalmente no menos de una hora.

Ya saben, queridos radioescuchas, pueden hasta iniciar un trámite burocrático, si quieren. Manquito, dale con unas pautas publicitarias.

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Disculpame, Manquito, los vidrios se destintaron… Abrió la puerta el árbitro, se le acercan los jueces de línea y empiezan a caminar hacia el centro del campo con rostros circunspectos. En los bancos reina un mutismo tajante, aunque no igual: en el de Malasia está compuesto por un ingrediente de temor que carece el nepalí.

Luego de que el Var visionara la jugada se concluyó que no hubo falta, el jugador número 4 de Nepal no toda al jugador número 10 de Malasia. Por tanto, y juzgando excesiva la reacción del jugador malayo, se derivó el caso al Centro de Análisis, que concluyó que: el jugador número 10 de Malasia incurrió en una falta de dramatización con fines de obtener un tiro libre a favor y la amonestación del rival; la acción del jugador número 10 de Malasia encaja dentro del artículo 48b.36.214a del nuevo reglamento de la práctica profesional del fútbol; la pena que corresponde a la exageración representada con insidia, equivale dolor y supuesta lesión que se desprendía de dicha teatralizacón. Dos programas de Inteligencia Artificial independientes han llegado a dictámenes similares, que el equipo de expertos analistas ha resumido, considerando siempre que ha de aplicarse la menor pena que surgiera del análisis de los programas, que: el jugador número 10 de Malasia fingió un dolor y una herida similar al disparo a bocajarro de un revólver .22 o bien al golpe con un bate en la tibia efectuado por una persona no entrenada ni en el béisbol ni en artes marciales, de fuerza media – hombre de unos 60 años o mujer de unos 30-40 que no se ejercitan en gimnasio. A partir de este momento, el jugador dispone cinco minutos para decidir cuál de los dos métodos elige: repito, el disparo o el golpe con bate contra la tibia derecha. Una vez decidido, se procederá a ejecutar la pena en el lugar de la caída del jugador. Acto seguido, si el jugador no pudiera seguir en el campo de juego, y tal como indica el reglamento, el equipo interesado podrá, como es habitual, realizar un cambio para sustituir al lesionado.

Me parece que la nueva normativa es de una rigidez tal, que hubiera espantado a los espartanos.

No sé, Lilio; pensá en lo que había devenido el fútbol: un eterno rodar, gesticular, exagerar la hipérbole. Se parecía cada vez más a un espectáculo de danza moderna, de esos en que todos se arrastran y sufren y gritan y uno no entiende nada.

Sí, Julito, todo lo que quieras, pero un tiro en la gamba…

Puede ser un palazo.

Te parten la pierna, Julito; una locura.

Tenés razón, pero había que frenarlo. Y esta, dijo la inteligencia artificial, era la mejor manera. La más eficaz, la más rápida. Fijate que hacía… no sé, vos que sos ducho con las estadísticas, Manco, ¿cuánto hacía que un jugador no fingía una falta así?

Dame un minutito, Julito, y te digo… Mirá, fueron 123 días.

Igual, Julito, es como de circo romano, che…

Entró una mujer con un bate, muchachos.

Pues, bate fue la elección.

Malasia ya prepara un cambio.

Por Marcelo Wio

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