Antes de compartir, verifica: tres casos de desinformación en los primeros días del Mundial 2026

Los Mundiales del siglo XXI traen un segundo torneo, el de las redes, donde la desinformación corre más rápido que cualquier contraataque. Estos días vi circular tres narrativas sobre el Mundial 2026 que conviene revisar con documentos en mano. No son opiniones: son hechos verificables.

Uno: «Estados Unidos vetó al árbitro somalí por capricho.» Falso en su encuadre. Existe una proclamación presidencial —la 10949, vigente desde el 9 de junio de 2025, amparada en la ley migratoria de EE. UU. y respaldada por la Corte Suprema— que prohíbe la entrada a todos los nacionales de Somalia. No fue un capricho de los agentes de inmigración en el aeropuerto: era ley pública un año antes del torneo. Esa misma ley contiene una excepción deportiva, pero está redactada en torno al equipo: cubre a los atletas, a los entrenadores y al personal de apoyo del que depende la selección. Un árbitro no entra ahí, porque no pertenece a ningún equipo: es un oficial neutral de la FIFA. Por eso Omar Artan no calificó para esa excepción, y su única vía era un permiso discrecional aparte que la FIFA nunca gestionó. La pregunta correcta no es por qué EE. UU. aplicó su ley, sino por qué la FIFA designó a Artan conociendo esta norma y no movió un dedo para resolverlo.

Dos: «A Irán no lo dejan jugar.» Otra mentira viral. Irán competirá, en plena guerra con EE. UU., porque la ley exime a los jugadores: el plantel tiene sus visas aprobadas. Las condiciones serán excepcionales: el equipo tiene su base en Tijuana y cruzará la frontera el día previo a cada partido, mientras once miembros del cuerpo técnico y administrativo se quedaron sin visa. A su afición, además, se le retiró el cupo oficial de entradas —el 8 % del aforo que la FIFA asigna a cada federación—, aunque de poco serviría: Irán figura en la misma lista de prohibición total que Somalia, la de los 12 países de la Proclamación 10949, y la mayoría de sus nacionales no podría pisar EE. UU. ni con boleto en mano. Pero conviene precisar tres cosas. La primera: el argumento de «seguridad» lo invocaron ambos lados —Washington dijo que no garantizaba la seguridad del equipo en suelo estadounidense, e Irán pidió, por esa misma razón, mover su base y sus partidos fuera de EE. UU. —. La segunda: Irán solicitó a la FIFA reubicar sus tres partidos de grupo en México, y México se ofreció a recibirlos, pero la FIFA se negó; en palabras de la presidenta Claudia Sheinbaum, «FIFA decidió que los partidos no pueden moverse de sus sedes originales». La tercera, la que casi nadie menciona: Irán pudo no asistir. Su federación amenazó con no viajar y su ministro de Deportes llegó a descartarlo. Aceptar jugar bajo estas reglas fue una decisión propia, no una imposición. Es lo contrario de 1980, cuando Estados Unidos —bajo el presidente demócrata Jimmy Carter— boicoteó los Juegos de Moscú en respuesta a la invasión soviética a Afganistán y eligió no presentarse: entonces la protesta fue ausentarse; hoy Irán convirtió el presentarse en la suya.

Tres: «Prohibieron hablar español en las ruedas de prensa.» Falso. A Hakimi, Vinícius y De Jong se les reencauzó a otro idioma, pero no por censura. El protocolo de la FIFA monta la interpretación según las dos selecciones que juegan, más el inglés, que desde el 1 de marzo de 2025 es —por primera vez en la historia— la lengua oficial de Estados Unidos. En Brasil-Marruecos los idiomas eran portugués y árabe; en Países Bajos-Japón, neerlandés y japonés. En ninguno había español, aunque De Jong y Vinícius jueguen en España y Hakimi sea madrileño de origen. ¿La prueba de que no es censura? Todo ocurrió en sedes de Estados Unidos, y aun así Paraguay habló español en suelo estadounidense, porque es su idioma de selección. El español no está prohibido: es condicional, y esa es la carencia real que denuncian los periodistas, no la conspiración que circula.

La responsabilidad, en los tres casos, no recae en el gobierno de turno de Estados Unidos —que se limitó a aplicar su ley— sino en quien debía gestionar y no lo hizo: la FIFA. 

El método para verlo es sencillo: ir a la fuente. 

La ley se lee, la excepción se cita, el reglamento se consulta. Dejarse arrastrar por la ola viral es fácil; verificar, más lento. Pero ese segundo de más es, hoy, el verdadero fair play del periodismo.

Fuentes FIFA (protocolo de idiomas y arbitraje):

Reglamento oficial Mundial 2026: https://digitalhub.fifa.com/m/636f5c9c6f29771f/original/FWC2026_regulations_EN.pdf

Reglamento de Medios y Marketing (idiomas oficiales FIFA: inglés, francés, alemán, español): https://digitalhub.fifa.com/m/db2c1519b4f0824/original/FIFA-World-Cup-Qatar-2022-_Media-and-Marketing-Regulations_EN_FINAL.pdf

Designación arbitral Mundial 2026: https://inside.fifa.com/es/refereeing/media-releases/designacion-arbitral-copa-mundial-fifa-2026

Fuentes gubernamentales:

Proclamación 10949 / veto (Casa Blanca): https://www.whitehouse.gov/presidential-actions/2025/06/restricting-the-entry-of-foreign-nationals-to-protect-the-united-states-from-foreign-terrorists-and-other-national-security-and-public-safety-threats/

Orden Ejecutiva 14224, inglés como idioma oficial (GovInfo): https://www.govinfo.gov/content/pkg/DCPD-202500315/html/DCPD-202500315.htm

Boicot olímpico de 1980 (Archivo del Depto. de Estado de EE. UU.): https://2001-2009.state.gov/r/pa/ho/time/qfp/104481.htm

Por Johani Carolina Ponce

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