Balogun, el goleador que el destino le regaló a Estados Unidos
Cuando Folarin Balogun anunció en 2023 que representaría a Estados Unidos, la sorpresa recorrió el mundo del fútbol. Nació en Nueva York, se formó en Londres y su ascendencia es nigeriana. Tres naciones lo reclamaban, pero él eligió la que lo vio nacer.
El 12 de junio, bajo las luces del SoFi Stadium de Inglewood, la vida le dio la razón.
Y quizás todo comenzó con un capricho del destino. El 3 de julio de 2001, su madre, embarazada de siete meses, intentó regresar a Londres, pero una aerolínea se lo impidió por falta de documentación médica, y así, casi por accidente, Folarin nació en Brooklyn antes de que la familia retornara al Reino Unido apenas un mes más tarde. Hoy, paradójicamente, Estados Unidos podría agradecerle a esa aerolínea el haber forzado, sin saberlo, el nacimiento de su goleador.
Allí, en Londres, transcurrió su infancia y su juventud, entre las calles de la capital inglesa, las categorías menores de Inglaterra y la academia del Arsenal, donde se moldeó como futbolista en uno de los semilleros más prestigiosos de Europa. Todo en su camino apuntaba hacia el viejo continente, hacia la lógica de vestir la camiseta de Inglaterra, cuna del fútbol moderno.
Sin embargo, durante una visita a Florida en 2023, algo cambió en su corazón. Sintió un cariño inesperado de los aficionados estadounidenses, una calidez que lo conmovió hasta inclinar la balanza hacia el país de su nacimiento. Fue una decisión que tomó en familia y que muchos cuestionaron, porque significaba apostar por una selección que nunca había sido potencia mundial, por un proyecto que parecía más sueño que certeza.
Pero los sueños, a veces, se materializan. En el SoFi Stadium, ante 69,650 espectadores y con 73 °F (23 °C), Estados Unidos fue demoledor desde el pitazo inicial, con una presión alta y constante que sorprendió a propios y extraños, mientras Paraguay, que regresaba al Mundial tras dieciséis años de ausencia, nunca logró acomodarse ni cruzar la mitad de la cancha en el primer tiempo. Los hinchas locales celebraron como nunca, en una fiesta que muchos calificaron como una de las mejores actuaciones de la selección estadounidense en la historia de los Mundiales.
Y en el centro de todo, Balogun. El delantero del AS Mónaco fue la figura indiscutible. En el minuto 31 apareció en el área tras una habilitación precisa por la izquierda y definió sin piedad ante el portero Orlando Gill. El segundo llegó sobre el cierre del primer tiempo, en el minuto 45+5, cuando dejó en el piso a Omar Alderete, gambeteó a Gustavo Gómez con elegancia y colgó el balón del ángulo con una potencia que descolocó al arquero. Un verdadero golazo.
El niño que nació en Brooklyn por obra del azar eligió a Estados Unidos, y la noche de la victoria, con dos goles, le devolvió con creces la fe que el país había depositado en él.




