Colombia, el Mundial 2026 y la necesidad de volver a ser

Era julio de 2024 y Colombia caía en la final de la Copa América en Miami frente a Argentina, campeón reinante del torneo y del mundo. Fue una derrota dolorosa como todas, pero la sensación dejada fue que se cayó de pie ante un rival de un gran oficio, que la Tricolor fue superior en el primer tiempo y fue un rival competitivo hasta que el físico lo permitió. Luego, la jerarquía, el banquillo y el reloj se encargaron del desnivel. Pero, haber llegado a una final de América tras 23 años y el nivel de juego exhibido, teniendo a James Rodríguez como el mejor jugador del torneo, eran señales de que el camino era el correcto y que el futuro era promisorio. Con el buen arranque de Eliminatoria en los 6 partidos iniciales de 2023, en aquel tiempo la clasificación al Mundial lucía cómoda y se empezaba a gestar la ilusión de un gran torneo en 2026 en el que este equipo lograría lo que no se pudo alcanzar con la gran generación de los 90’s o con la que estuvo en dos mundiales con Pekerman: que Colombia jugara todos los partidos y por primera vez se metiera en unas semifinales. Hoy, dos años después, la expectativa es diferente, pues a 6 días del debut mundialista en el Estadio Azteca, de aquel equipo que pintaba para altos designios, es poco lo que queda. La afición nacional seguirá al equipo con alegría, habrá color en las gradas y seguramente se pasará de ronda. Pero las esperanzas ahora no van más allá de llegar a octavos de final. Ya Colombia no es la que fue.

En aquel entonces, la ilusión era justificada. Un gran equipo, una generación con jugadores de recorrido en ligas internacionales, como Richard Ríos y Jhon Arias en Brasil, Camilo Vargas en México, Daniel Muñoz en Bélgica, Jefferson Lerma y Luis Díaz en Inglaterra, un James renacido y un DT como Lorenzo quien desde 2022, renovó el optimismo de una afición alicaída e indignada por la eliminación hacia Qatar. El argentino recuperó la autoestima nacional, acumuló 28 partidos invicto, con triunfos de gran nivel en Europa ante España y Alemania, logrando un funcionamiento moderno para solamente perder esa racha a minutos de terminar el tiempo suplementario de esa final en Miami con aquel gol de Lautaro Martínez. Es decir, era un optimismo fundado y se basaba en resultados y rendimientos, tanto individuales como colectivos, así el título del torneo hubiera sido esquivo.

Pero algo sucedió, al regresar a las Eliminatorias Sudamericanas tras el receso de la Copa America y todo cambió. Se pasó de sumar 12 puntos en los seis primeros partidos hasta noviembre de 2023, de estar invicto y con el plus de haber derrotado por primera vez en la historia de Eliminatorias a Brasil, a tener en los siguientes seis partidos, los de 2024, un saldo de dos triunfos, un empate y las primeras tres derrotas, incluyendo una en Barranquilla ante Ecuador. Solo hubo la alegría de derrotar a Argentina en “La Arenosa” en un partido muy parejo y la gran exhibición en el Metropolitano ante Chile, tal vez el único cotejo de buen juego en ese ciclo. Las alarmas se empezaron a prender, pues se pasó de una clasificación solida a estar en la medianía de la tabla. Así llegó 2025, y una derrota ante el Scratch que hizo que se comenzaran a hacer cuentas para estar en el lote de clasificación directa. Los siguientes tres partidos se saldaron con tablas, una de ellas muy preocupante en Barranquilla ante el renovado Paraguay de Alfaro y otra con un alentador 1-1 en el Monumental, golazo de Luis Díaz mediante. Los dos partidos finales fueron victorias, incluido el 3-6 de Maturín contra Venezuela y Colombia concluyó con los mismos puntos de Brasil, Paraguay y Uruguay, pero con un mejor gol diferencia para alcanzar el podio de las Eliminatorias con un tercer lugar decoroso, pero con un nivel de juego distante a aquel del inicio. Solamente quedaba Luis Díaz, ya para entonces en el Bayern, como estandarte de un equipo que ya no era el que fue. 

Lorenzo completó, no sin presión en el país, una nueva clasificación a un Mundial con el reto de hacer un buen torneo en Norteamérica. Tenía nueve meses por delante para recuperar aquella confianza y autoestima de 2023 y, sobre todo, el fútbol que llevó a Colombia hasta la final continental. La tarea no era fácil y los amistosos en marzo de 2026 contra Croacia y Francia, fueron un aterrizaje forzoso a la ilusión de muchos compatriotas que veían este Mundial como un simple viaje sin escalas a las rondas finales. Ante Croacia en Orlando, solamente un primer tiempo decoroso y tres días después en Maryland, una todavía peor actuación ante una Francia “suplente”, frente a la que se vio a una Colombia descoordinada, sin ritmo y peligrosamente sin ideas. Al final fue 3-1 gracias al descuento de Campaz que maquilló un mal funcionamiento. Un abismo entre ambos equipos. Inevitable pensar que ocho años atrás, en París, Colombia le ganó 2-3 a una Francia que cuatro meses después sería campeona del mundo. Lo más grave, más allá de las derrotas, era el juego, bastante precario. La realidad es que parece que el listón para esta Colombia modelo 20026 será llegar, con suerte y pulso, a jugar 5 partidos como máxima aspiración. 

El panorama actual pasa por solventar con éxito los dos primeros partidos, ante Uzbekistán en el Estadio Azteca y ante República del Congo en Guadalajara, para asegurar puntos que lleven a la clasificación. Tal vez el debut ante los de Cannavaro sea el juego más llevadero, pero en el segundo encuentro, los africanos y su fútbol físico pueden darle a Colombia más de un dolor de cabeza. Solo el éxito en estos partidos de arranque llevaría a enfrentar a Portugal en Miami con opciones para buscar un primer lugar que haga el camino siguiente más llevadero, Pero el fútbol actual y el nivel de la plantilla llevan a pensar que el segundo puesto de la zona K, sería lo más probable para alcanzar. Y de ahí en adelante, el camino sería más complicado.

Y así se llega a la semana previa al debut, esperando que con Lucho Díaz como tambor mayor, Colombia logre hacer un mundial digno y no repetir la decepción que fue USA’94 para el fútbol nacional. Por cosas del destino, Colombia y Croacia podrían ser segundos de sus zonas y enfrentarse en un hipotético juego de segunda ronda en Toronto. Justo ahí sabremos si la lección de aquellos recientes amistosos fue aprendida y que no hayan sido simplemente el ensayo de una eliminación. Porque en este Mundial 2026, más que nunca, Colombia necesita volver a ser la que fue.

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