Dura paliza para pisar tierra
Paraguay se estrenó con el pie izquierdo en la Copa del Mundo 2026. Fue derrota 4 a 1 frente a Estados Unidos, dejando más dudas que certezas.
El plantel salió de Paraguay con altas expectativas de la afición y se topó con una realidad indiscutible: en estas condiciones, estamos lejos del alto nivel competitivo.
Se podía perder, pero no de esta manera. La emoción superó a muchos de los protagonistas. Una prueba de ellos es lo ocurrido con Diego Gómez, quien derramó lágrimas en la conferencia del día previo. El mismo Alfaro lo dijo en el post partido: «Hay que cuidar las emociones para jugar un Mundial». Y Paraguay las descuidó por completo. Nos pesó estar ante la mirada de todos.
Los jugadores paraguayos salieron del país como héroes nacionales, cuando aún no consiguieron nada excepcional con respecto a otras generaciones. Se magnificó clasificar a un Mundial cuando pareciera que somos una Selección primeriza en el rubro. Como dato agregado: hasta una película se hizo sobre este logro (obra de la directiva de APF que después de tantos intentos, por fin acertó con la contratación de Gustavo Alfaro como entrenador). Desde lo audiovisual, un buen aporte a este campo que se desarrolla lentamente en el país. Desde lo deportivo, una exageración que hasta pareciera desconocer la historia de nuestro fútbol. No somos Brasil, Argentina o Uruguay, pero ya tenemos cierto recorrido en este tipo de competencias. Lamentablemente esto se vio interrumpido por distintas situaciones que ya no vienen al caso.
El fútbol paraguayo se paralizó en todas sus categorías para ver el Mundial (dirigentes de todas las etapas viajaron a la sede del torneo y no hay actividad oficial por dos semanas). Toda la estructura se centró en este anhelado retorno mundialista.
No sólo el fútbol paraguayo, el país se paralizó para ver el partido del viernes pasado (Fue feriado en recordación a una fecha histórica: la firma de la Paz del Chaco, una de las grandes guerras que tuvo el país). Mientras los héroes de aquellas sangrientas batallas en el árido suelo chaqueño van desapareciendo por una cuestión lógica generacional, los millenials buscan
crear nuevos héroes y algunos tempranera mente se ganaron ese rótulo (para ellos), pero no demostraron estar a la altura (por ahora).
Paraguay entró con dudas, con temor y sin jerarquía a jugar uno de los partidos más importantes de los últimos años. Alfaro armó un equipo y tampoco encontró soluciones cuando a simple vista se notaba que no funcionaría lo planteado.
El ingreso de Mauricio (nacido en Brasil y nacionalizado paraguayo) fue lo más productivo de Paraguay ofensivamente. Fue el «pensante» que trató de ordenar al equipo.
Defensivamente el equipo fue un desconcierto y los bajos rendimientos se fueron contagiando. Juan Cáceres nunca pudo contener a Pulisic, pero tampoco recibió ayuda de Diego Gómez ni de los otros volantes.
Bobadilla fue el más flojo de los volantes. No pesó y el gol en contra anotado en el comienzo del partido no terminó condicionando en todo sentido.
En ataque, Tony Sanabria jugó por la jerarquía (juega en Italia) y sus goles en la “era Alfaro”. En un partido que implicaba agregarle la cuota de sacrificio, fue el que menos aportó. De hecho, esa nunca fue su virtud y el entrenador siempre lo supo.
¿Qué se nos viene a partir de ahora? Replantear el equipo, como primer punto. Pensar en repetirlo, independientemente a que el rival sea otro, es despedirse muy temprano. Alfaro se ha caracterizado por su buena verba y es indiscutible que su mensaje llegó a los futbolistas para clasificar, pero ahora el discurso no alcanza. Es entrar a jugar y obtener cuanto menos un empate que nos permita llegar con vida a la última fecha.
Pasó el debut y la presentación fue para el olvido. Fuera de cualquier idea futbolística es la hora de la verdad para esta generación de jugadores, vanagloriada por quienes comenzaron a ver fútbol hace 10 años o menos. Es la hora de demostrar de qué están hechos y hasta donde pueden llegar ante exigencias complejas.
Contra Turquía será una final y ojalá los jugadores así lo entiendan…
Por Federico Villalba




