Estados Unidos debuta en casa bajo el techo del SoFi. Estados Unidos entra en escena. Este viernes a las 6 de la tarde, hora de California, el anfitrión principal debuta en su Mundial frente a Paraguay en el SoFi Stadium de Inglewood, un coloso con capacidad para casi 70.000 espectadores cuya cubierta translúcida protege del sol de la tarde californiana, un detalle nada menor en el torneo donde el calor extremo es protagonista. La Albirroja de Gustavo Alfaro regresa a una Copa del Mundo tras 16 años de ausencia; los estadounidenses llegan con un antecedente favorable: la victoria 2-1 en el amistoso de noviembre pasado.
El plantel refleja la madurez del fútbol estadounidense: 17 de los 26 convocados militan en Europa, uno en la Liga MX (Alejandro Zendejas, del América) y ocho en la MLS. La figura es Christian Pulisic, del AC Milan, que llega a su segunda Copa del Mundo con 84 partidos internacionales, 32 goles y 21 asistencias. Pulisic carga con el peso simbólico de toda una generación: campeón de la Champions League con el Chelsea en 2021 y héroe de Catar 2022, donde marcó ante Irán el gol que clasificó a su país a los octavos de final y pagó el precio en la misma jugada. Chocó contra el arquero Alireza Beiranvand, terminó la noche en un hospital de Doha con una contusión pélvica y tres días después estaba de vuelta en la cancha ante Países Bajos. Hoy, a sus 27 años y en plena madurez, este Mundial en casa es el escenario que su carrera esperaba. Lo acompañan Weston McKennie (Juventus), Antonee Robinson (Fulham), Chris Richards (Crystal Palace) y Tyler Adams. Las ausencias de Diego Luna, Tanner Tessmann y el lesionado Johnny Cardoso generaron debate, pero no crisis.
Para Mauricio Pochettino representa un gran desafío . El argentino llegó al banquillo en septiembre de 2024 con una carrera de prestigio pero corta de títulos: una final de Champions perdida ante el Liverpool con el Tottenham en 2019, una Ligue 1 con el PSG de Messi, Mbappé y Neymar, al que no pudo llevar más allá de cuartos en Europa, y un paso fugaz por el Chelsea. Nunca había dirigido una selección. Y esta llega al torneo sin haber jugado eliminatorias: como los otros dos anfitriones, México y Canadá, Estados Unidos tuvo su plaza asegurada de forma automática. Un arma de doble filo: sin la presión de la clasificación, pero también sin su rodaje competitivo. Su lista de 26 no dejó sorpresas: apostó por la base de los amistosos, la Copa Oro y la Liga de Naciones, fiel a su credo: “No es porque tu nombre sea uno u otro por lo que vas a tener asegurada la plaza”.El equipo sale a la cancha en un país que juega más fútbol que nunca. En 2025, la práctica al aire libre alcanzó un récord histórico de 16,8 millones de personas, un alza de 15,8% en un año, más otros 6,6 millones bajo techo. En total, unos 24,9 millones de estadounidenses, casi el 8% de la población. Y los hispanos lideran ese crecimiento: su participación aumentó 60,4% desde 2022, de 2,6 a 4,2 millones de jugadores. Durante décadas, el “soccer” cargó aquí una etiqueta: deporte de niños y de mujeres. El país de las “soccer moms” y de una selección femenina cuatro veces campeona del mundo. Hoy esa etiqueta cuenta otra historia: las mujeres ya son casi el 40% de quienes juegan. Pocos países pueden decir lo mismo.¿Responderán los aficionados? El 34,4% de los estadounidenses planea seguir el torneo, y entre quienes juegan fútbol, casi el 80% lo verá. Pero el debut llega con un dato incómodo: las entradas no se agotaron. A días del partido quedaban miles de boletos en plataformas de reventa, con precios oficiales que iban de 1.120 a 2.735 dólares. El entusiasmo es indudable; la barrera es el precio. La respuesta comenzará a verse esta noche en las imponentes gradas del SoFi.




